lunes, 31 de octubre de 2022

EL GARDEL TURMEREÑO - RECUERDOS DE LA INFANCIA - N.G.RODRIGUEZ

 

El Gardel Turmereño era un indigente con ciertos problemas mentales que nadie supo cuando llegó ni cuando se fue, de barba larga, con sombrero gaucho y vestimenta mugrienta, usaba un palto zurcido que le quedaba grande, la camisa manga larga derruida y con el cuello sucio, una pintoresca corbata en igual estado. Los zapatos tipo botas con trenzas de cuero mal amarradas. Gardel, “el morocho del abasto” de Turmero  visitaba con cierta regularidad establecimientos, casas de habitación y preferentemente los bares. A los negocios y viviendas  llevaba limones, mangos, mamones u otra fruta que conseguía por el vecindario. A cambio  recibía dinero, comida y alguna que otra muda, en contraparte cantaba su acostumbrada serenata, él sabía que tango les agradaban a sus colaboradores porque se lo habían pedido, como aquella canción VOLVER, que decía “Yo adivino el parpadeo, de las luces que a lo lejos, van marcando mi retorno.”, o esta otra MI BUENOS AIRES QUERIDO, cuya letra era esta: Mi Buenos Aires querido, cuando yo te vuelva a ver, no habrá más penas ni olvido.

Hay que reconocer que tenía una voz melodiosa en imitación a “Carlitos” como cariñosamente le decían. Le gustaba que lo llamaran Gardel, el famoso “Rey del Tango” y ese era su orgullo. Su verdadero nombre nadie lo sabía. Cuando pasaba por la plaza se iba al cotoperiz y daba un concierto a los transeuntes que lo rodeaban. Entraba a los bares o botiquines y a cantaba en las mesas a gañote tendido a cambio de una cervecita "Glup" o un trago de aguardiente, aquí y otra más allá. Allí solía cantar una especial para despechados "Buaaa", EL DÍA QUE ME QUIERAS y entonaba “El día que me quieras, la rosa que engalana, se vestirá de fiesta con su mejor color”. No podía faltar aquella titulada CUESTA ABAJO que con emoción entonaba: “Ahora, cuesta abajo en mi rodada, las ilusiones pasadas, no me las puedo arrancar”.

Cuando ya la luna se ponía tenía por costumbre irle a cantar todas las tardes a una señora desde la reja de la casa, y le cantaba el tango “MANO A MANO” que dice así: “Rechiflado en mi tristeza, hoy te evoco y veo que has sido en mi pobre vida paria sólo una buena mujer”. 

Salía al amanecer y regresaba turulo en horas nocturnas. Su guarida donde dormía tenía algunos enseres era debajo del puente del río Turmero, un colchón de resortes, unas cacerolas y colador de café. Allí prendía una fogata para darse calorcito en las noches y alejar los zancudos "Bzzzz". 

El Gardel Turmereño prendió un cigarrito y canturreando para sí mismo decía como gemido “Fumando espero a la mujer que quiero…” y el sueño lo venció.


martes, 25 de octubre de 2022

PIPO EL ALPINISTA - RECUERDOS DE LA INFANCIA - N.G.RODRIGUEZ

Recordaba Pipo el pasado cuando de niño le encantaba subir al cerro llamado La Tarasca, donde sobresalía El Picacho que estaba cerca de su casa y tenía más de mil cien metros de altitud.  Eran los primeros días de diciembre, su mamá le encomendó una tarea, ir al cerro y conseguir un árbol pequeño de metro y medio que estuviese reseco para convertirlo en arbolito de navidad. Pipo invito a su compinche Nenín para que lo acompañara. Llevaban una cantimplora llenas de agua cada uno y unas mandarinas en una bolsita. Pipo llevaba un machetico envuelto en papel para poder cortar. Emprendieron la travesía como a las 3 de la tarde, ya antes habían subido hasta El Calvario donde estaba la Cruz que encendían para fecha de navidad y donde los fieles llegaban al sitio que era la última estación del Vía Crucis en Semana Santa. Llegaron al pie de cerro e iniciaron el ascenso, lo hicieron por el camino del frente en vez de irse por el lateral izquierdo, más lejos pero más seguro. El camino era más empinado, estaba la tubería que trasladaba el agua desde la esquina del Filtro hacia La Casita de Agua en El Calvario y viceversa por gravedad para surtir al pueblo. Llegaron algo cansados ¡Ufff! por lo inclinado a la Casita de Agua, otros la llamaban La Cajita de Agua, que era un tanque o depósito donde ellos se asomaron y vieron la peligrosidad de caer allí Desde allí tenían una panorámica del pueblo. Aprovecharon para tomar agua de una cascadita que se formaba por un drenaje del tanque, no era fácil bajar a la cascadita por su inclinación, de repente Nenín escuchó un ruido como de una serpiente “Sshhhh...Sshhhh” y salieron volando. Prosiguieron la marcha por la ruta al Picacho, tomaron unos palos para sostenerse en la subida, buscaban el susodicho árbol de navidad y no veían alguno parecido, entretenidos por lo bello del paisaje que observaban y conversando, llegaron hasta el sitio denominado “La Escalera” hasta donde Pipo ni Nenin nunca habían llegado. Se impresionaron por lo inclinado y largo del trecho, Nenín exclamo ¡Dios santo! Tomaron agua, dudaron en seguir, pero se atrevieron. Aquello era peligroso para estos dos niños. Si sus Padres los vieran los hubieran halado por las orejas. Comenzaron a subir agarrados de los árboles, se impulsaban con las piedras sobresalientes  de lo que fue una escalinata y las raíces  de los árboles, iban casi en vertical ¡Cuidado! Decía Pipo. Hicieron una pausa, tomaron agua y se comieron una mandarina, les faltaba la mitad. Menos mal que el terreno estaba seco. Al fin subieron la escalera, le faltaba otro trayecto para llegar a la cima del Picacho. Subieron de prisa por la emoción de llegar. No fue fácil, entre breves bajadas y subidas llegaron ¡Bravo! Dijeron al unísono, allí pegaba mucha brisa ¡Ssshssh!, menos mal que era de tardecita y no pegaba tanto el sol; sin embargo al lograr la cumbre aprovecharon la sombra de un árbol pequeño, allí descansaron sobre unas piedras, estaban extenuados. Luego se acercaron al borde, había una bandera grande de Venezuela clavada y una Cruz de madera como de cuatro metros de alto. Quedaron estupefactos ¡Guau! Se divisaba no solo el pueblo y la zona agrícola, sino el Lago de Tacarigua, los Morros de San Juan, parte de Maracay, Cagua y otros poblados. Se sentaron un rato a contemplar el horizonte, la brisa hacia zumbidos. Se percataron por la posición del sol al oeste, les avisaba que era necesario regresar. La bajada era igual de peligrosa.  Después de la Escalera, se esmeraron en buscar el árbol de navidad, divisaron uno en lo alto del camino, subieron y lo cortaron ¡Trac…Trac! Lo cargaron entre los dos. Esta vez bajaron por el otro camino donde estaban unos hornos gigantes de ladrillo de una antigua mina de cal. Apuraron el paso, iban sudaditos, al llegar a casa Pipo pensaba ¡Ay de mí! Le entregó el árbol y la mamá le dio las gracias; pero les reprendió porque se habían demorado demasiado. Los niños no dijeron nada, Pipo y Nenín habían hecho un pacto: ”Cállate boca, ciérrate pico. Hágase el silencio y el silencio se hizo”. Los alpinistas se miraron y sabían que habían  ocultado todo. A bañarse y descansar.

Pipo terminó la narración diciéndose a sí mismo: “Es verdad lo que narré, lo viví y así se los conté”.


viernes, 21 de octubre de 2022

EL MUSICOLOGO - RECUERDOS DE LA INFANCIA - N.G.RODRIGUEZ

 

EL MUSICÓLOGO!!

Marquito era un niño que le gustaba la música, era un musicólogo, se iba a la plaza del pueblo y entraba al Bar Camel donde estaba su tío que siempre le daba para las chucherías, el tío se tomaba unas cervezas  “¡Glup, Glup!”con amigos. En el bar estaba una rockola y los despechados que bebían cerveza, introducían una moneda a aquel artefacto de moda en los bares que tenía una lista impresa de las canciones y sus cantantes con una letra y un número que la identificaba, pulsaban los botones "Click" y un brazo mecánico buscaba el disco 45 y lo colocaba para que la agujita lo hiciera sonar. Así Marquito aprendió a conocer algunas  canciones, la que más sonaba en aquel entonces, era una llamada “Linda” cantada por Daniel Santos, el inquieto anacobero, que decía así: “Yo no he visto a Linda, parece mentira…”. Todo era por época, cuando se pegaba una canción la ponían una y otra vez. Otra tarde y después de unas semanas entró al bar nuevamente, sonaba otra que le encantó como buen melómano, “Rayito de Luna” cantada por el Trio Los Panchos. Marquito se sentaba en un banco de la plaza cerca al bar y escuchaba las canciones. Recuerda que otra que estuvo de moda era aquella de Lucho Gatica llamada “Reloj” que Marquito cantaba hasta en el baño: “Reloj no marques las horas  porque voy a enloquecer…"Tic, Tac"”. “Te odio y te quiero” de Panchito Riset, “Bésame mucho” de Consuelo Velazquez, entre tantas. Más de un despechado y pasado de tragos lloraba “Sniff, sniff” abrazado a la rockola..

Marquito algunas veces cuando el campanario anunciaba  las  seis de la tarde, ¡talán, talán! regresaba en ocasiones a la plaza, vivía cerca, para escuchar del otro lateral la música que sonaba por los altavoces del cine Capítol  antes del inicio de la función de siete de la noche: “Magia Blanca” cantada por Chucho Avellanet que Marquito  tarareaba ¡tarara, tarara!: “Magia blanca tú tienes, me has hechizado a mí”. Otra imperdible era “Lamento Naufrago” en la voz de Chico “Sensación” Salas oriundo de este pueblo, la canción decía así: “Sobre la arena mojada y bajo el viejo muelle la besé con honda pasión”. Después sonaba un bolero en la voz romántica de Felipe Pirela,  Puerto Cabello. La primera estrofa decía así: “Mi puerto cabello, pedacito de cielo, que acarician las aguas, de estas playas caribe”. Tony Aguilar y “la Cama de Piedra” que al estilo mexicano decía: “De piedra ha de ser la cama, de piedra la cabecera, la mujer que a mí me quiera, me ha de querer de veras, "ay, ay”. Era una tras otra, y no podía faltar Julio Jaramillo, Olimpo Cardenas y Carmen Delia Dipini y tantos otros. Cuando sonaba el timbre anunciando el comienzo del rodaje se terminaba la función musical.

Los sábados y domingo el ambiente de la plaza era amenizado por el popular Macías Martínez, el primer disk jockey que se conocía con su conjunto Los Espejos, allí Marquito escuchaba canciones como “Tu sabes” de Estelita del Llano, cuya letra es así: “Tu sabes que te amo y sabes que te quiero”. “Granada” de Alfredo Sadel, “Piano Merengue” de Damiron, la Sonora Matancera y su nobel cantante Celia Cruz con tantos éxitos, -“Cachito” de Nat King Cole y pare usted de contar. 

Los domingos a las cinco de la  tarde había retreta musical con la banda marcial del estado. Las piezas musicales eran pasodobles, combinados con música de antaño y valses. “Viva España”, el Negrito del Batey y Alma Llanera no podía fallar

Marquito leía en el cancionero las melodías de moda, hasta que Zzz, Zzz se dormía.

Marquito creció, ingreso a la escuela de música y aprendió a tocar el saxofón, formó parte de Orquesta Sinfónica Infantil.

Este relato se acabo, pues el tiempo de la canción terminó!!

sábado, 8 de octubre de 2022

CRISTÍN : EL NARRADOR INFANTIL - N.G.RODRIGUEZ

CRISTÍN : EL NARRADOR INFANTIL

Cristín era un chico que recién acababa de hacer la Primera Comunión, tenía devoción católica y le preocupaba que nadie se interesaba por los sitios históricos y naturales; por eso los días sábados y domingos cuando venían visitantes a su pueblo se instalaba en el altozano de la Iglesia con el fin de ejercer su papel de narrador infantil, se ganaba así unos churupitos para la compra de sus golosinas que compartía con sus hermanos. Ofrecía sus servicios acercándose con decisión y comenzaba su relato sin que le preguntaran: “Este templo fue bendecido definitivamente el 14 de septiembre de 1791 por el Padre Juan José Álvarez de Lugo”, para saber estos detalles Cristin  tuvo que documentarse de un librito que decía Turmero - Documentos Inéditos.  Desde el altozano señalaba la fachada del histórico templo e indicaba  “en lo alto se aprecia a la patrona Virgen de Candelaria y a los lados a San Tiburcio y Santa Ana, los copatrones”. Haciendo alarde de sus conocimientos les explicaba que “en los pequeños nichos se observan los signos de la pasión de Jesucristo, vean el azote, los clavos, el martillo y hasta la vara para humedecer sus labios,  y también la lanza que traspasó su corazón, ninguna Iglesia tiene una fachada como esta”. Mientras los turistas permanecían boquiabiertos mirando hacia el cielo azul, seguía su narración, “Vean la corona de espinas”. Uno de los visitantes le pregunta quién fue el autor de dicha fachada, a lo cual Cristín les refirió que “se desconoce al autor”. Siguió su recitación y les indicó con su dedo índice que “también se observa el símbolo de la Eucaristía con un tabernáculo y dos candelabros, así como el cáliz”. Finalmente les dice que los indígenas están representados en estatuas individuales. Cristín les señala el campanario y el reloj. Les invita a pasar al interior del templo, ingresando por la nave izquierda, allí no podía hablar ¡chsss!, solo señalar y en voz murmurar algo, les muestra la Gruta de la Virgen de Lourdes, con velas encendidas en el piso, que significaban las Ánimas benditas del Purgatorio; les señalo una entrada que daba al sótano y que fue un cementerio “susto”. Más adelante se paró frente a la capilla de la Virgen de Coromoto que se comunica con la Casa Parroquial. Se paraba frente a las imágenes de las Vírgenes, La Merced, la del Carmen, la Inmaculada Concepción, y la capilla del Santísimo Sacramento del Altar, con bancos y lámparas que producían una luz tenue que estimulaban a la oración en silencio. Al final de la nave el altar de Cristo y la Virgen de la Dolorosa. En la nave central, estaba el altar mayor con el Sagrario y la Custodia, arriba la Virgen de Candelaria donada en los primeros años del siglo pasado por el Presidente del Estado Aragua, a los laterales los co patronos Santa Ana y San Tiburcio, en la cúpula resaltaban pinturas al óleo. La Sacristía detrás del altar mayor; así como un depósito de urnas”Uyuyui”.

En el altar del ala derecha estaba San José y la Virgen María, por el pasillo estaba la Imagen de San Antonio de Padua, el Sagrado Corazón de Jesús, la Santísima Trinidad, San Francisco de Asís y El Nazareno.  A la entrada por el portón derecho estaba el bautisterio con la pila bautismal y un Ángel en bronce puro donado por el Presidente Guzmán Blanco. Se destacaba un óleo sobre la pared de Juan el Bautista y Jesús recibiendo el bautizo en el Jordan. La iglesia está adornada con lámparas en sus tres naves. El pulpito ubicado en la columna central a mano izquierda. Dos confesionarios, uno en cada lado. Arriba se observa la inscripción JHS y los vitrales de colores. En la parte alta a la entrada esta la sala de música con un órgano de viento.

Al finalizar el recorrido, la familia daba la propina a Cristín, el narrador infantil.

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jueves, 6 de octubre de 2022

VIRULO, EL NIÑO TREMENDO - RECUERDOS DE LA INFANCIA - N.G.RODRIGUEZ



VIRULO

Fue el muchacho más tremendo e inquieto que pasó por la escuela, muchas veces era enviado a la Dirección para llamarle atención y el representante pasaba pena tras pena. En ocasiones fue suspendido y hasta expulsado cuando estaba en cuarto grado. Era catire, hijo de europeo con criolla. Llegaba tarde todos días, en la cola era el último por su tamaño, además de ser el más espigado era el de mayor edad, se demoraba pasar de un año a otro. Los niños del sexto grado tenían una edad entre  11 y 12 años, Virulo tenía 15. Cuando el Maestro debía salir de clases porque era llamado por su superior, se paraba sobre los pupitres y promovía una guerra de avioncitos, saltaba de un lado a otro “Tras,Tras”. Gritaba y pintaba groserías en la pizarra. Les quitaba la merienda a las niñas. Se montaba en las barandas. Los otros niños impávidos veían las atrocidades de Virulo. Cuando el Maestro le preguntaba sobre algún tema siempre se quedaba callado “Shsss o respondía mal, se notaba que no estudiaba, las tareas eran inconclusas, si le pedían que fuere al pizarrón a hacer alguna operación matemática estaba despistado y en los exámenes llevaba chuletas y cuando no, se trataba de copiar o que le soplaran bajo amenaza. Casi siempre era castigado, más de una vez le dieron reglazos “Plass, Plass” en la mano abierta o lo dejaban después de la hora de salida, lo hacían dar vueltas al patio, tenía que hacer saltos de rana “Croac, Croac” , sentadillas, flexiones y demás ejercicios. Como era peleón por alzado, siempre retaba a otro compañero  a pelear después de la hora de salida en las calles contiguas. Virulo era sucio como los luchadores malos, usaba los pies, las rodillas y hasta le halaba los cabellos al contrincante y les mordía “Crunch” , a veces le echaba tierra en los ojos y usaba manopla para tener más contundencia en los golpes. A Virulo no lo podían controlar. En los actos culturales gritaba en vez de aplaudir ¡plas, plas!. Lo único que hacia bien era jugar a la pelota, le gustaba ser el receptor. Líbrense los Maestros de un estudiante como Virulo.




martes, 4 de octubre de 2022

PELICULIN - RECUERDOS DE LA INFANCIA. N.G.RODRIGUEZ


Había una vez un niño llamado Peliculín que le gustaba tanto el cine que durante la semana hacia rifas y dupletas hípicas para conseguir el dinerillo para ir al cine de vermut y matineé los sábados y domingo. En el cine sonaba un timbre “ring,ring,ring” para avisar el comienzo de la función. Peliculín iba siempre con su hermano o compinches de la cuadra, después de comprar el boleto pasaba por la venta de chucherías y compraba  lo que le gustaba, chocolate de avellana o de fresa, aeromint, ping pong, california, chiclets o mani salado, y un refresco. Le gustaban las películas de vaqueros ¡bang!; ¡pam, pam! de Roy Rogers,  Gene Autry, Hopalong Casiddy, Cisco Kid, el Zorro y el Llanero Solitario. Las cómicas “ja,ja,ja” del Gordo y el Flaco” Stan Laurel y Oliver Hardy. Las de Tarzan con Jhonny Weismuller, no le gustaba cuando salían los pigmeos y claro las de Lassie y Rintintín ¡guau, guau! y las de Disney. Otras que no agradaban para nada eran las películas de dinosaurios. Algunas de estas películas eran continuadas, por capítulos diferidos para la próxima semana. No todo era normal dentro de la sala, de vez en cuando se iba la luz y había que esperar o que la cinta del carrete se dañaba, allí algunos gritaban “Pinocho apaga el tabaco”, Pinocho era el operador.  No faltaban los abusadores que se paraban de la butaca para ir al baño y les gritaban, ¡agachate!. También quienes comentaban las escenas porque ya habían visto la película y lo mandaban a callar ¡chiss, chiss! . Las parejitas de enamorados juntaban las cabecitas y no dejaban ver a quién estaba detrás o algún sinvergüenza con flatulencia excesiva y aquello era infernal, había que taparse la nariz. No faltaba quien se quedaba dormido ¡Zz,Zz! y roncaba ¡rrrrrrrrr! Peliculín también hacia travesuras, junto a los compañeritos lanzaban papelitos a quienes querían molestar. 

En el otro cine, más popular y donde pasaban películas mexicanas, tenía butacas y el espacio que llamaban gallinero, no tenía techo, eran bancos de madera, donde muchos se acostaban, en ese cine solo había matinée los sábados, allí iba a ver a Cantinflas, Tintan o Clavillaso y Resortes, las películas más recordadas por Peliculín están el “Beisbolista Fenómeno” de Resortes, “Ahí está el detalle”  de Cantinflas, las películas de lucha libre de El Santo o Enmascarado de plata. Los tráiler previos a la función traían noticias o adelanto de películas.  A veces anunciaban de Pedro Infante como “Pepe, el Toro” o de Libertad Lamarque que eran para llorar !jejeje!En el gallinero los mayores echaban sus primeros fumitos. Válgame Dios.

En cuento ha terminado!!

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