martes, 25 de octubre de 2022

PIPO EL ALPINISTA - RECUERDOS DE LA INFANCIA - N.G.RODRIGUEZ

Recordaba Pipo el pasado cuando de niño le encantaba subir al cerro llamado La Tarasca, donde sobresalía El Picacho que estaba cerca de su casa y tenía más de mil cien metros de altitud.  Eran los primeros días de diciembre, su mamá le encomendó una tarea, ir al cerro y conseguir un árbol pequeño de metro y medio que estuviese reseco para convertirlo en arbolito de navidad. Pipo invito a su compinche Nenín para que lo acompañara. Llevaban una cantimplora llenas de agua cada uno y unas mandarinas en una bolsita. Pipo llevaba un machetico envuelto en papel para poder cortar. Emprendieron la travesía como a las 3 de la tarde, ya antes habían subido hasta El Calvario donde estaba la Cruz que encendían para fecha de navidad y donde los fieles llegaban al sitio que era la última estación del Vía Crucis en Semana Santa. Llegaron al pie de cerro e iniciaron el ascenso, lo hicieron por el camino del frente en vez de irse por el lateral izquierdo, más lejos pero más seguro. El camino era más empinado, estaba la tubería que trasladaba el agua desde la esquina del Filtro hacia La Casita de Agua en El Calvario y viceversa por gravedad para surtir al pueblo. Llegaron algo cansados ¡Ufff! por lo inclinado a la Casita de Agua, otros la llamaban La Cajita de Agua, que era un tanque o depósito donde ellos se asomaron y vieron la peligrosidad de caer allí Desde allí tenían una panorámica del pueblo. Aprovecharon para tomar agua de una cascadita que se formaba por un drenaje del tanque, no era fácil bajar a la cascadita por su inclinación, de repente Nenín escuchó un ruido como de una serpiente “Sshhhh...Sshhhh” y salieron volando. Prosiguieron la marcha por la ruta al Picacho, tomaron unos palos para sostenerse en la subida, buscaban el susodicho árbol de navidad y no veían alguno parecido, entretenidos por lo bello del paisaje que observaban y conversando, llegaron hasta el sitio denominado “La Escalera” hasta donde Pipo ni Nenin nunca habían llegado. Se impresionaron por lo inclinado y largo del trecho, Nenín exclamo ¡Dios santo! Tomaron agua, dudaron en seguir, pero se atrevieron. Aquello era peligroso para estos dos niños. Si sus Padres los vieran los hubieran halado por las orejas. Comenzaron a subir agarrados de los árboles, se impulsaban con las piedras sobresalientes  de lo que fue una escalinata y las raíces  de los árboles, iban casi en vertical ¡Cuidado! Decía Pipo. Hicieron una pausa, tomaron agua y se comieron una mandarina, les faltaba la mitad. Menos mal que el terreno estaba seco. Al fin subieron la escalera, le faltaba otro trayecto para llegar a la cima del Picacho. Subieron de prisa por la emoción de llegar. No fue fácil, entre breves bajadas y subidas llegaron ¡Bravo! Dijeron al unísono, allí pegaba mucha brisa ¡Ssshssh!, menos mal que era de tardecita y no pegaba tanto el sol; sin embargo al lograr la cumbre aprovecharon la sombra de un árbol pequeño, allí descansaron sobre unas piedras, estaban extenuados. Luego se acercaron al borde, había una bandera grande de Venezuela clavada y una Cruz de madera como de cuatro metros de alto. Quedaron estupefactos ¡Guau! Se divisaba no solo el pueblo y la zona agrícola, sino el Lago de Tacarigua, los Morros de San Juan, parte de Maracay, Cagua y otros poblados. Se sentaron un rato a contemplar el horizonte, la brisa hacia zumbidos. Se percataron por la posición del sol al oeste, les avisaba que era necesario regresar. La bajada era igual de peligrosa.  Después de la Escalera, se esmeraron en buscar el árbol de navidad, divisaron uno en lo alto del camino, subieron y lo cortaron ¡Trac…Trac! Lo cargaron entre los dos. Esta vez bajaron por el otro camino donde estaban unos hornos gigantes de ladrillo de una antigua mina de cal. Apuraron el paso, iban sudaditos, al llegar a casa Pipo pensaba ¡Ay de mí! Le entregó el árbol y la mamá le dio las gracias; pero les reprendió porque se habían demorado demasiado. Los niños no dijeron nada, Pipo y Nenín habían hecho un pacto: ”Cállate boca, ciérrate pico. Hágase el silencio y el silencio se hizo”. Los alpinistas se miraron y sabían que habían  ocultado todo. A bañarse y descansar.

Pipo terminó la narración diciéndose a sí mismo: “Es verdad lo que narré, lo viví y así se los conté”.


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