miércoles, 12 de diciembre de 2018

DULCES DEL PUEBLO - RECUERDOS DE LA INFANCIA - N.G.RODRIGUEZ



Memorias Históricas Digitalizadas de Turmero No. 161
Doña Flor
Esta familia, comenzando por Doña Flor, ha vivido toda la vida elaborando y vendiendo dulces criollos tradicionales. Ella los sábados y domingo coloca una mesa con mantel en la plaza del pueblo, lleva una butaca de madera, bolsas y papel. Se acercan los pobladores y compran los mejores dulces de la región. Muchos visitantes vienen de otras ciudades a buscar estas delicias azucaradas. Doña Flor, es una mujer de piel morena, de unos sesenta y tantos años, vestida de medio luto en honor a su esposo Don Cipriano fallecido hace una década. Se ha defendido en la vida vendiendo sus dulces criollos. Sus cinco hijos, tres varones y dos hembras, junto a su hermana Asunción formaban su equipo de trabajo. Se dedicaban todos los días de la vida a comprar el azúcar, el papelón, las harinas y demás ingredientes. Pasaban horas rayando los cocos, picando las frutas, amasando, cocinando y preparando su inventario. Para mantenerse entre semanas, elaboraban una sabrosa chicha, hacían cachapitas dulces redondas y bollitos de maíz. Los muchachos se encargaban de ofrecerlos en la plaza y otros lugares públicos. Todo para lamerse los dedos.
Cuando el Señor Miguel llevaba los domingos sus hijos a la plaza, después de comprarle las cotufas, dar una vuelta por la plaza y jugar con las palomas, era una visita obligada ir al puesto de dulcería de Doña Flor, se destacaban las polvorosas, las conservas de coco de papelón ó azúcar y coloreadas, también las conservas de leche, besitos de coco, suspiros, biscochuelos, rucanos, almidoncitos, pavo, aliados, alfondoques, entre otros. "Uff que ricos"

A Joseíto le encantaban las papitas de leche decoradas con un clavito de especie incrustado. Era este paseo una tradición familiar, en las fiestas patronales se unían los familiares y personas venidas de todas partes, los dulces de Doña Flor eran reconocidos como los mejores.

Dona Matilde
Esta familia la componían seis mujeres que con Dona Matilde se especializaron en elaborar el Carato y  el pan de horno. Así como conservas y manjares. A Oswaldito de unos siete años, al igual que a Francisquito, quien era sobrino de aquellas seis mujeres, le ofrecían un vaso de carato, dos pan de horno y un pedazo de majarete, si les ayudaban a moler el maíz. Se comían allí mismo las provisiones "ñan,ñan,ñan". 
Ellos cumplían con su tarea de forma obediente, observaban como se elaboraba el carato, como utilizaban el papelón, maíz pilado, clavos de especies, hojitas de naranja y agua. Para darle gusto le agregaban vainilla. El Pan de Horno se hace con harina de maíz tostado, papelón y especies. En el majarete utilizaban el maíz pilado, pulpa de coco, papelón maicena y canela, entre otros secretos.
El trabajo en equipo lo dirigía Dona Matilde, cada quien tenía una tarea. Pedrito y Francisquito, era mas lo que jugaban que lo que trabajaban. Se montaban en un columpio colgado con mecate y una rueda de caucho. Había un gallinero y gallos "quiquiriqui". Se encaramaban en las matas de mango y corrían por el patio. El carato se colocaba en botellas de todos los tamaños y como tapa se le colocaba  un papel amarradito. El Majarete se vaciaba en platos semihondos y se le rociaba canela por encima. Las conservas se colocaban en hojas de plátano y los manjares en papel satinado.
Aquellos productos se vendían a los vecinos quienes estaban pendientes de su fabricación artesanal.

Misia Antonia
Esta señora era especialista en bocadillos de plátanos y guayaba. Fernandito vigilaba los días en que Misia Antonia ofrecía los bocadillos negros y rosaditas oscuras azucaradas presentadas sobre una hojita de plátano que eran para chuparse los dedos. Se acercaba a la casa de Misia Antonia y observaba como quitaban las conchas y lavaban,  cocinaban con agua en  ollas grandes y agregaban azúcar y paleteaban hasta que llegaban al punto, es decir, tenían consistencia espesa. Luego se vertía la mermelada sobre unos platones bajitos y dejaban que se enfriaran para rociarlas con azúcar, para luego cortarlos en pedacitos que se colocaban sobre las hojitas de plátanos. Estos bocadillos duraban mas en hacerlos que en comérselos. Misia Antonia también era especialista en manjares de cereza, piña, limón y otras variedades.

Mi Abuela
Su especialidad eran los dulces de lechosa y de higo, pero todo le quedaba sabroso. Las tortas de pan con pasitas eran únicas y las jaleas de mango eran especiales. No solo eran los niños sino los adultos que  disfrutaban de estos dulces tradicionales. Hay que hacer mención aparte de los quesillos de la Abuela con un acaramelado inigualable, así como de los buñuelos de yuca acaramelados y rociados de azúcar "Uhmmm". Las Tías de Armandito y su Mamá eran aprendices de excepción de aquellas recetas que se traspasaban de generación en generación. Los dulces no faltaban en las casas, cuando venían las visitas se le obsequiaban estos dulces y los familiares eran asiduos visitantes, si algo unía la familia eran los dulces de la Abuela.

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domingo, 11 de marzo de 2018

EL VOLIBOLISTA PANAMERICANO - RECUERDOS DE LA INFANCIA - N.G.RODRIGUEZ



Solíamos visitar a Rita y Dinora que tenían como vecinos a Juliana, Aurelio (El Cartero) y a Claro. Este lanzaba pelotas desde su patio y nosotros la devolvíamos. Más tarde supimos que Claro jugaba voleibol en la Escuela Revenga, cuando apenas tendría unos doce años, y al cabo de unos años pertenecería al equipo San Pablo de Turmero, allí lo había reclutado Cortesia, funcionario bancario, donde luego ingresaría Claro como trabajador. Clarito había crecido, ya no era aquel muchacho que andaba bicicletas en el pueblo, ahora más espigado, pero siempre sosegado, concentrado en lo que hacia.
Una noche cualquiera en la parte cancha interna del Grupo Miranda de Turmero, acudimos a ver los entrenamientos de la selección de Voleibol del Estado Aragua, allí estaba Claro, había surgido desde las aulas de la Revenga. La selección debería jugar contra la selección de Venezuela dentro de 15 días, para beneplácito de todos los turmereños, Claro Romero con solo una veintena de años, el más joven de la selección, había sido escogido para pertenecer al equipo Vinotinto de Venezuela que nos representaría en los Juegos Panamericanos de Chicago. Claro Romero, llamado por sus amigos Claro Duany, famoso pelotero cubano, había surgido de la cantera de Turmero.
Llegado el día, Claro Romero jugó un primer tiempo con la selección estadal y en el segundo tiempo salió a la cancha con la franela de Venezuela en su pecho, la aclamación fue total  ¡Clap, clap, clap! ¡Plas, plas, plas!  La cancha externa del Grupo Miranda estaba repleta, no cabía un alma. Claro demostró su calidad de jugador, su fotografía fue captada en los principales diarios, allí estaba al lado de Lino Connel, de Oswaldo (Papelón) Borges y los integrantes del sexteto venezolano.
Un avión militar los trasladaría a Chicago, primera vez que Claro se montaba en este Hercules "suuuhh…suuuhh". El 27 de agosto de 1959 fue la inauguración. Claro desfilo perplejo ante 40.000 asistentes en el estadio Olímpico de Soldier Field en los Estados Unidos.
Surgido de la Cancha del Mercado Municipal de Turmero estaba ahora jugando contra Estados Unidos, quien lo iba a imaginar. Claro era un rematador eficiente y seguro, y servidor de la pelota. También jugó contra Brasil, México, República Dominicana y otros competidores. Su participación fue decorosa, su entrenador J.J. Rodríguez estaba satisfecho del novato. 
No sabemos qué pasaría por la  mente de Claro, seguro los recuerdos de su gente y de su pueblo, y de sus colegas jugadores del pueblo como Brigido, Pedro ”La Vieja”, Cortesía, Maldá, José Arturo, Maracha y tantos otros.
Claro Romero, Gloría del deporte turmereño. Orgullosos de nuestro atleta internacional.

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martes, 27 de febrero de 2018

RADIO BEMBA - MARGARITO - RECUERDOS DE LA INFANCIA - N.G.RODRIGUEZ


RADIO BEMBA (MARGARITO O AMARGADITO)


Eran las siete de la mañana de un día cualquiera. Margarito, con una flor en la oreja y chuleta en mano se montaba sobre un tobo de cuñete y comenzaba su lectura ácida. “Ayer el Jefe Civil del pueblo fue visto en La Orchila, un prostíbulo ubicado a las afueras del pueblo, las malas lenguas comentan que no estaba cumpliendo con el deber del cargo. El Capitán Chirinos tiene mala fama en el pueblo por el acoso a que somete a la servidumbre. Pin…Pin…Pon. Me informan que los precios de las caraotas amanecieron hoy a medio el kilo, el arroz a tres lochas y el kilo de queso blanco a real y cuartillo. La docena de huevos cuesta real y medio y la lata de manteca de cochino un bolívar. Pin…Pin…Pon. La viuda Raquel Rosas fue vista en misa comulgando esta mañana  ¿Se arrepentía de los pecados? ¿Cuáles?. ¡Púyalo  Margarito, púyalo! Gritaba un vecino desde la acera del frente. Margarito levanta la cabeza y sonríe satíricamente. Ve a su alrededor y observa que media centena de pobladores se han reunido para escuchar el noticiero de radio bemba. Margarito aprovecha la pausa y saca una carterista de caña clara e ingiere a pico de botella un trago más hip...hip. Margarito andaba vestido de blanco, pantalones remangados, con franela vistosa de color rosado y alpargatas de cuero, negras y bordadas. Una flor se colocaba en la oreja ¡¡Ayy papá!! Era notorio por sus modales que botaba la segunda. Se calza los lentes “culo e´ botella” y reinicia su perorata: En la madrugada de hoy partió hacia mejor vida Don Evaristo Peña, a los 88 años deja como herencia un baúl lleno de morocotas de oro, lo malo es que no se sabe dónde lo dejo enterrao, jajaja. Las malas lenguas comentan que Don Eva deja mas de treinta hijos, de las cuales doce son mujeres. Al entierro se espera la asistencia de al menos tres de sus mujeres con las que convivió, ya que otras seis pasaron el páramo. Pin…pin…pon. El colega…de tragos, Luisín fue encontrado esta mañana tirado en la esquina de la Iglesia pasando la rasca, según cuentan el hombre subió al campanario a eso de las 6 de la mañana y al parecer peló la escalera y cayó desde unos veinte metros de altura, por un milagro el hombre de goma respira y no tiene fractura ni daños. ¡¡¡Perro!!! El aguardiente hace hasta milagros. Con su permiso…dijo Margarito y empino el codo pa´echarse un guamazo más, hip…hip y continuo: El presidente municipal adquirió un vehículo de último modelo para uso de su esposa Elena, en apenas dos años en el ejercicio del cargo se observa un cambio en el tren de vida de la primera autoridad municipal, lo que está a la vista no necesita anteojo. Margarito levanto la cabeza y pudo observar como dos policías agitaban el rolo entre sus manos y entonces exclamo: Hay que reconocer que el Presidente Municipal es un hombre que cumple con sus promesas y podemos notar cómo se construyeron las aceras de la calle donde vive. Atención. Atención, última hora, el Padre Vicente fue visto muy acompañado… tracatra…en ese momento perdió el equilibrio y se cayó del tobo donde estaba montado… al ver que los policías se acercaban agarró su cachacha y salió corriendo en zigzag hasta al día siguiente cuando aparecía en otra esquina del pueblo.

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lunes, 26 de febrero de 2018

PEPEMI (PEDRO) - Recuerdos de la infancia - N.G.RODRIGUEZ




Memorias Históricas Digitalizadas de Turmero No. 164

Parecía el más agresivo de todos los perturbados, no por su culpa, sino porque se metían con él y reaccionaba lanzando piedras o lo que encontraba, además perseguía a los abusadores en medio de sus dificultades físicas y con alaridos exorbitantes. Yo no conocía su descendencia, solo sabíamos que era un hijo del pueblo. Que vivía en la calle Urdaneta de Turmero. Andaba descalzo, era fuerte pero con muchos defectos físicos, entre ellos tartamudo. De allí su enojo cuando le preguntaban cómo se llamaba, su nombre era Pedro, solo alcanzaba decir PE…PE…PE…MI, también decía TUTU NA...TUTU NA. Su nombre completo era Pedro José Pérez. Además los muchachos se metían con su masculinidad y entonces respondía bajándose el pantalón para mostrar que no era así, también hacia señales vulgares con el dedo medio que lo hacían no apto para mujeres ni niños. Pedro deambulaba por el pueblo se supone que se escapaba de la familia, era muy difícil de contener. Las mujeres le temían y con razón. Es triste saber que personas nazcan así, es lamentable que un ser humano, como tantos otros, no sea un ser humano normal. Lo más triste es la gente que no tiene la compasión de entenderlos, más bien actúan como indignos al burlarse de su condición.
Pedro tenía la nobleza de un infante, los años no habían pasado por aquella persona cuyos pensamientos eran de más allá en la dimensión desconocida. De qué manera pudo haber recibido el cariño de una madre y de un padre, eso no lo sabemos. No aprendió a jugar con juguetes sino con cualquier perola que lo entretuviera. No pudo ir a una escuela ni aprender las letras ni los números, tampoco tener amiguitos. No pudo jugar de adolescentes los juegos de metras, trompo o garrufio. Tampoco pudo jugar pelota sino a su manera rústica sin regla alguna. No supo lo que es el trabajo, solo las burlas de los demás. Que este recuerdo sirva para sensibilizar  nuestra consciencia y valorar el respeto a estos seres.

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LUISIN (Luis Quintín )- RECUERDOS DE LA INFANCIA - N.G.RODRIGUEZ


Eran las cinco y media de la mañana y Luisín subía paso a paso las escaleras hacia el campanario de la iglesia, trastabillaba por los efectos de la resaca de la noche anterior. Era su momento más sano del día, sin embargo antes se había tomado un cafecito negro con una tapita de caña clara para ponerse a tono. Después de subir agarrado de las manos la última escalera de metal, bien inclinada, con vista a la calle y sin ninguna protección, llego al campanario. Allí había dos campanas grandes que daban la hora de manera mecánica y de precisión. También se encontraba otra campana para los toques fúnebres y tres campanas más, 2 medianas y 1 pequeña para los repiques. El tañido de sus campanas ha sido y es un emblema de los pueblos en general, ¡Ding! ¡Dong!.
El campanario se usa para llamar a los fieles y dar avisos de hora y otros actos religiosos y festivos. En la historia del pueblo muchos han sido los campaneros. Luisín ha sido uno de ellos, el problema para este personaje  es que era más las veces que estaba borrachito que cuerdo. Y cuando subía las escaleras diagonales, eran muchos los que rezaban en la plaza para que no le pasará nada no vaya a ser que se resbalará y fuese directo al pavimento a más de 30 metros de altura.
La otra misión de Luisín era lanzar los cohetes y demás fuegos artificiales en las distintas festividades, casi siempre al lado de la iglesia. Luisín tomaba el cigarro con la mano derecha temblorosa, ya saben porque le fallaba el pulso, y con la izquierda sostenía el cohetón. En mas de una ocasión no atinaba bien encender la mecha. Otras veces por fallas del cohete o por el pulso de Luisín, el cohete se dirigía a los espectadores y paticas pa´que te tengo Punk…Punk. La pirotecnia era todo un espectáculo, había distintas modalidades como el cohetón, los petardos o truenos, las tracas (una cuerda que sostiene varios petardos pequeños, suenan uno tras otro). También se usaban las cadenas, las bengalas, las bombetas, las fuentes etc.  En determinadas ocasiones se lanzaban los globos, lo cual era mas complicado pero mas vistoso, este se elevaba por los aires hasta el cielo. Quién no lo recuerda?

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MANUEL DE LA BURRA - RECUERDOS DE LA INFANCIA - N.G.RODRIGUEZ



Decían que vivía en La Marcelota de Guayabita,  un poblado habitado por trabajadores del campo. Era el auténtico vagabundo, cargaba una mochila y un tronco de cuatro metros sobre sus hombros. De baja estatura y con un saco viejo con franelilla, usaba alpargatas de goma. A los niños se les amenazaba cuando se portaban mal, que cuando pasará Manuel de la burra, se lo entregarían para llevárselo a la tierra desconocida. Deambulaba por todas las calles del pueblo sin decir una palabra, era enigmático. Nadie sabía que pensaba ni adónde iba. Su sola presencia era motivo de desconcierto. Pablito, el hijo de Emeteria la bodeguera, siendo apenas un niño de cuatro años amenazó a su mamá que él se iría con Manuel de la burra, si no le permitían jugar en la calle. Su mamá le siguió la corriente y le preparó una mochila pequeña. Cuando apareció Manuel de la burra, lo llamó y le dijo: - Señor Manuel, le entrego la mochila de este mi hijo, me le da un trato preferencial. Pablito dando muestras de valor, acepto irse con Manuel, sus manos le retemblaban. Camino detrás de Manuel de la burra unos doscientos metros, se paraba y miraba hacia atrás, pero continuaba, estaba más asustado que casi lloraba, de repente se regresó corriendo a su casa y sin mediar palabra se metió en el baño a orinar pissssss y no se sabe qué otra cosa hizo. Estaba asustado. Había escarmentado, se dio cuenta con que no se debe jugar. Su mamá lo miraba de lejos, lo llamó y le ofreció una merienda que aceptó gozoso.

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EL LOCO CRUZ (EL ATARANTADO) - RECUERDOS DE LA INFANCIA - N.G.RODRIGUEZ





Este personaje se la daba de ingenuo, con una sonrisita engañosa caminaba por el pueblo, llevaba una mochila sobre el hombro, sombrero y su vestimenta  la usaba hasta para dormir. Su hedor a sudor rancio era evidente, a todos le daba asco ¡Puaf! ¡Puaj!  Además fumaba tabaco y su dentadura era marrón oscura, de barba corta y canosa  sin afeitar. Sabíamos que en las noches iba donde unos familiares que le daban cobijo cuando tenía sueño Zzz…Zzz. Los pequeños le temían porque no sabían que se escondía detrás de su alta y delgada figura. Los grandes lo veían con recelo. El mismo decía que no era loco sino atarantado. El muy vivo se paseaba por los negocios del pueblo pidiendo limosna, su locha como el decía, y mira que las conseguía. Mas por temor y quitárselo de encima al aparecerse en las puertas de los locales con su carita de “yo no fui”. En algunas viviendas llegaba y tocaba la puerta ¡Toc, toc!,  con cautela se le atendía en su actitud pedigüeña.
Recorría una y otra calle durante el día, iba a paso lento, se paraba en las esquinas. Su carácter era agresivo con los muchachos. Estos le gritaban y siempre tenía un garrote para perseguirlos. Esto sucedía en cada esquina. La policía muchas veces intervenía y el loco Cruz, como le decían el común de los habitantes, se escabullía hacia otro lugar.
Siempre estaba sin afeitar la barba, y su caminar era despacito. Se alimentaba de lo que los vecinos le daban, más lo que conseguía de los comercios. De poco hablar, se acercaba a los muchachos en actitud sospechosa, estos ni a palo se le acercaban. De repente se desaparecía, alguno que otro vecino que lo conocían desde chico lo albergaban en sus patios.
Según contaban, en su familia él no era el único que estaba en esas condiciones de demencia, aunque fueran medio pasivos. Y esto no era cuento, era una gran verdad.
Lo cierto del caso es que era peligroso por sus reacciones. Bien lejos con Cruz.

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