sábado, 6 de diciembre de 2014

CACHO EN LA MANGA - CUENTOS O RECUERDOS DE LA INFANCIA. N.G.RODRIGUEZ


CACHO EN LA MANGA!!!

Diez días antes del inicio de las Fiestas Patronales del pueblo se comenzaba a construir la cancha para la competencia, esta manga de coleo construida con palos de bambúes amarrados con mecate y con tablas y lingotes de madera. Los toros coleados es un deporte típico llanero en el cual el jinete trata de derribar al toro halándolo por la cola, se enfrenta la destreza contra la fiereza. La manga  tiene la zona de los corrales donde se guardan los toros y el Tapón que queda al final de la manga, donde los toros y coleadores dan la vuelta. Al frente de las casas de familias y patios se construyen talanqueras que tienen unos dos metros de altura y sirve para sentarse y para subirse cuando el toro y los coleadores pasan, también se construyen templetes sobretodo en los cruces de las calles. Estos templetes tienen una altura de más de cuatro metros, se construyen por familias o por instituciones que financian su construcción. También los templetes sirven para colocar los conjuntos musicales, animadores, locutores y las mismas autoridades. Decenas de cuadrillas de hombres voluntarios construyen la manga de coleo bajo la supervisión del Responsable de la manga. Se deben prever las conexiones eléctricas para el sonido y las empresas patrocinantes colocan las bambalinas a lo largo de toda la manga. En la parte de afuera de la manga se colocan los kioscos de venta de bebidas y comidas. Todo debe estar listo para el día inaugural.
Los preparativos continúan, el camión con los toros se ha instalado en los corrales, estos fueron pasados a los burladeros, los coleadores y sus ayudantes fueron llegando poco a poco, ensillan sus caballos y hacen reconocimiento de la manga, el público fue acomodándose en sus lugares escogidos o en dentro de la misma manga, las mujeres con vestimentas acordes a la tarde soleada, llevan colgados lazos multicolores para premiar las tumbadas de los coleadores. La algarabía se confunde con la música Tantan…tarantantan y el ambiente de fiesta. Los hacendados o grandes cacaos con liquilique y sombrero pelo é guama y las mujeres bien engalanadas lucen sus trajes para la ocasión. Los niños se colocan en lugares protegidos con sus familiares. Los espontáneos toreros se ubican con sus capotes rojos con preferencia en el tapón. Personas venidas de todas partes hacen su aparición. Los personajes propios de estas tardes de toros coleados son de presencia obligada, uno, en vez de usar un vaso para tomarse un trago lo hace en una vasenilla, otro, con pantalón y franela apretada se contornea como en una pasarela antes los pitos fiuuu…fiuuu de los demás, Los chupeteros, raspadores, tostoneros y demás vendedores ambulantes ofrecen sus productos. La mesa esta servida.  La autoridad a caballo recorre la manga y da la orden.
El petardo del cohete ¡Pung¡ anuncia la salida del primer toro de la tarde, ¡Cacho en la manga! alerta el locutor oficial, son ocho los coleadores que montan los bravos caballos los coleadores se pelean la toma del rabo y uno de ellos grita para que los demás sepan “toro cojío” y dobla el rabo en su mano derecha, el coleador levanta la cabeza y ve hacia adelante, la gente se aparta mientras el toro va por el medio de la cancha. ¡Ahí viene el toro! se escucha entre la gente que levanta la cabeza, se percata que vienen toro, caballos y coleadores a gran velocidad y se aprestan a buscar protección en las talanqueras, en cuestión de segundos el coleador gira la cola, se acuesta sobre la silla, “espuelea” al caballo y el toro se desploma de cabeza a “filo é lomo”, entre aplausos clap…clap…y vítores, el coleador se recompone en la montura, se quita el sombrero y agradece al soberano los aplausos. El coleador que tumbo al toro de manera efectiva recibe como premios los lazos que le colocan sobre su camisa o chaqueta las bellas mujeres, quienes además lo premian con besos y salutaciones. Algún conocedor de los caballos le felicita y le pregunta como se llama el caballo, el coleador con orgullo le dice “Alazan”. Los demás coleadores van al recoleo y se pelean el rabo del toro en el suelo, es cuando se acerca un hombre coloca una descarga eléctrica sobre el astado y este emprende de nuevo la carrera hacia el tapón. “El Loco”, como le dicen al joven coleador por su forma de ser, pequeño de estatura y regordete, toma el rabo y se apresta a ejecutar su rutina de coleo, cuando de pronto pierde las riendas y rueda por debajo de las patas de los caballos, el sombrero queda por un lado y “El Loco” por otra, estirado sobre la tierra recibe el auxilio de los espectadores quienes al ver que no reacciona, lo sacan de la manga y piden auxilio.
Los toreros espontáneos capote en mano, esperan al toro en el tapón, le muestran el trapo rojo y el toro embiste, “Manuelin” como le dicen al aficionado se adorna y le da un derechazo largo y con gran estilo, se escucha entonces algún grito de ¡Ole…Ole…Ole! de las personas que estaban montados en las talanqueras y templetes. “Manuelin” que vestía pantalón blue jean y camisa manga larga amarilla, lucia una boina azul, entonces levanta su mirada, se inspira y cita al toro, el público y los coleadores han hecho un circulo y los han dejado solos, todo esto pasa en fracciones de segundos en medio de la algarabía de los asistentes, el toro embiste de nuevo y “Manuelin” le da con clase dos naturales mas y un pase de pecho ceñido, el público entre “oles” comienza a gritar ¡“Torero!  ¡Torero!… Por la mente del espontáneo pasa un cúmulo de sueños, ya se imagina en el coso taurino vestido de trajes de luces y con el pasodoble premiando su faena. Se imagina que ahora vendrá la suerte de entrar a matar para dar la estocada final. En ese momento otro espontáneo pasado en palos se acerca al toro con su camisa anaranjada como muleta, el toro lo embiste y le da un revolcón fuerte ¡catapum!  , la gente grita de pánico, el borrachito dando tras pies quiere insistir, pero el público lo impide. Gracias a Dios no ha pasado nada, solo fue un susto. Otro aficionado toma al toro por el rabo y se lo muerde, el toro tratando de cornearlo, gira dos veces y no puede alcanzarlo, los gritos no cesan confundidos por la admiración de otros.
El toro al recibir otro corrientazo, reinicia su carrera y los coleadores ahora si van por el recoleo. El toro ya luce cansado, mas adelante se vuelve a parar e de repente arranca, en ese momento un Señor que había venido de la capital y hablaba tranquilamente con otro amigo, al intentar correr hacia las talanqueras, rueda por el suelo, las elásticas de los pantalones se le habían soltado, los demás lo ayudan y todo no pasa de un susto. La tarde sigue bajo los efectos de los tragos, la música y la alegría de la gente. ¡Ahí viene el toro! gritaban a cada rato.
Como a las  seis y cuarto de la tarde, cuando el sol se estaba poniendo, sale el último toro de la tarde, todo transcurre con normalidad hasta que el toro después de una rodada, es tomado por los aficionados y bajo engaños es llevado hacia un lugar preparado, le abren un falso y el toro sale de la manga, “Se escapó el toro” gritaba la gente y mucha gente salió corriendo detrás, el toro una vez en la calle y causando el susto de decenas de personas que estaban afuera fue llevado por un grupo de personas hacia la Plaza del pueblo, la gente tuvo que montarse sobre las ventanas y cerrar las puertas de las casas. La Plaza estaba repleta de bazares, bingos, vendedores de dulces, fritangas, frutas y demás kioscos y tarantines, en eso llegó el toro, alguien advirtió: ¡Pa´la Iglesia nó!, el toro hizo correr a todo el mundo, era de color negro tipo cebú, la verdad que daba miedo. La policía había sido alertaba y trataba de atrapar a los zagaletones que habían hecho aquella gracia. También los auxiliares de la manga se habían venido con mecate en la mano para enlazar al toro, mientras eso sucedía, mas por el pavor y la carrera, las manzanas rodaban y la gente se mantenía alejada del lugar de los acontecimientos. La gracia no pasó de allí, el toro fue llevado de nuevo a los corrales de la manga y dos o tres personas fueron retenidas. Cuando se terminó la tarde toros, muchos se quedaron, los coleadores recogieron sus aperos y la gente regresaba, todos comentaban los sucesos, pero se preguntaban, ¿Qué habría pasado con el Coleador “Loco”? Aquel estaba feliz acompañado de sus amigos y de la novia, solo que tenía unos moretones y estaba listo para presentarse al día siguiente. Fue dado de alta del hospital y cojeando en brazos de sus familiares estaba listo para otra tarde de emociones.

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EL CARNAVAL -RECUERDOS DE LA INFANCIA - N.G.RODRIGUEZ



EL CARNAVAL

Una semana antes de carnaval se elegían las reinas de carnaval en cada barrio o urbanización del pueblo, montadas sobre los carros las paseaban por el pueblo para presentarlas, gritaban su nombre, sacaban algún afiche y hasta pancarta, después irían al concurso mayor en la plaza principal en donde montaban una tarima decorada con dibujos alegóricos. Los pobladores asistían a la hora fijada y llevaban las barras de cada sector o candidata. Las candidatas eran presentadas una a una, lucían el mejor de los atuendos resaltando los atributos, bien un escote o una falda abierta o un vestido ajustado, el jurado debía decidir, los aplausos clap…clap…clap…orientaban la elección. A veces no ganaba la más bonita ni la mejor preparada, bastaba con ser la sobrina del Jefe Civil o la hija de Perico de los Palotes. Una vez electa era coronada, alguna de las competidoras enfurecidas grrrr….grrrr se bajaban bravas  de la tribuna, otras con mala cara aceptaban los resultados, parte del público gritaba ¡¡¡ trampa…trampa!!! y  otra parte aplaudía. Su majestad Claudia  iniciaba su reinado, de igual manera se auto elegía al Rey Momo, ya los organizadores habían pensado en alguien, en esta ocasión se eligió al Gordo Omar, que con cara de bonachón pero de carácter excéntrico se convertía en un digno representante de la locura carnavalesca. Al día siguiente los organizadores tenían listo el programa donde se incluían los bailes de carnaval todos los días, desfiles de carrozas sábado y domingo y prohibición de jugar con agua, cuestión esta última que nadie respetaba.
Se organizaban unas cinco carrozas, la de la Reina y sus damas de honor, la de las otras participantes, la de los músicos, la del Rey Momo y la de los disfraces. Cada una decorada de acuerdo a los diseños previos seleccionados, normalmente con alegorías de carnaval como antifaces y sombreros, en aquella oportunidad se decoraron con motivos diversos, la reina llevaba una silla para poder mostrarse y lanzar caramelos, papelillos y otros obsequios menores. La Reina leía una proclama en cada ocasión. El Rey Momo iba vestido como Nerón con una corona de árbol de pino. En la carroza de los músicos se lanzaban cohetes al aire bum…bum…bum. Mientras las carrozas desfilaban, los niños y jóvenes recibían sus caramelos, las personas desde las aceras de las calles y en sus esquinas saludaban a los participantes. ¡Viva la Reina! El desfile terminaba en la plaza y los participantes se confundían con la gente del pueblo. En las noches en la plaza se ofrecían conciertos musicales y asistían decenas de personas disfrazadas de Negritas y de Domino. De repente llegaba una comparsa de Viejitas o de diablos o de cuanta ocurrencia tuviesen los ingeniosos pobladores. La Plaza se llenaba tanto de personas que no se podía caminar, además de los papelillos se usaba  “pachuli”, una colonia de mujer muy olorosa. Los templetes de música contagiaban a los asistentes para motivarse a bailar.

La Reina engalanaba los bailes de gala, con las mejores orquestas musicales se realizaban estas fiestas populares en lugares privados. La mayoría de las mujeres asistían disfrazadas y los hombres, adultos y jóvenes, a veces bailaban toda la noche con algún disfraz sin saber quien era. Las mesas se llenaban todas y los servicios de bebidas y comidas eran atendidos por mesoneros debidamente uniformados. Casi no se podía caminar. La Reina bailaba con sus cortesanos. Ya pasadas unas horas la cuestión se tornaba peligrosa porque los pasados de trago comenzaban a crear problemas. Más de uno que había bailado toda la noche con un disfraz al que había enamorado se sentía burlado, el disfraz resultaba un hombre. Los amigos se reían jajaja de aquella  jocosidad por mucho tiempo.


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viernes, 5 de diciembre de 2014

EL TORO DE CHEO - RECUERDOS DE LA INFANCIA - N.G.RODRIGUEZ


EL TORO DE CHEO

Pasaban unos días en construir el toro callejero, una armazón con maderas recubierta con sacos tejidos de sisal pintado asemejando el cuero, con cachos de verdad, así como la cola. El Señor Cheo era el encargado de preparar este miura que saldría a la calle en una tarde soleada para seguir con una tradición familiar. El Señor Cheo dirigía al toro, los acompañantes se encargaban de llevar las bebidas espirituosas encaletadas para animar el trayecto. El Señor Cheo era un personaje muy querido por ser tan bullanguero y afable con la gente. Durante años se había dedicado a esta tradición ya famosa no solo en el pueblo sino en los alrededores. Inspirada en el escape de los toros de la manga de coleo y su huída hacia la plaza y calles del pueblo. Este hombre llevaba alegría a su gente. La comparsa llevaba cohetes ¡ bang…bang…bang! para dar emoción a los pobladores quienes salían a sus ventanas para compartir aquella fiesta brava de verdad. Dos hombres parados se colocaban en la parte trasera y delantera de la armazón, el que iba adelante tenía que ubicarse cerca de la cabeza para poder maniobrar. Este toro salía a la calle para embestir contra la gente, que corrían buscando el mejor burladero. Los mejores aficionados al arte del toreo estaban prevenidos de aquel toro para brindar sus faenas.
Los muchachos gritaban cuando se aparecía el toro en la cuadra, los niños como Pablo y Pedro, solo se asomaban a la puerta para esconderse de miedo cada vez que se acercaba el toro.   Una unidad móvil alegraba al compás del pasodoble que decía ¡ TORERO,TORERO,TORERO…!! El toro embestía y embestía, cuando ya no daban mas las piernas, se turnaban los hombres de la comitiva y aquel toro seguía el recorrido. Cuando había mucha gente, se efectuaba la novillada, el aficionado con capote en mano daba varios pasos al grito taurino de Oooole, Oooole, hasta el de pecho. La gente aplaudía emocionada. De repente se producían revolcones para hacer mas emotiva la tarde. El Señor Cheo, llevaba una gorra tipo boina de color rojo, sus pantalones flojos combinaban con una camisa colorada, usaba alpargatas negras.
Hasta que el cuerpo aguantara seguían por todo el pueblo, los bares eran una parada obligatoria para calmar la sed. Cuando llegaban a la plaza aquello era de terror, la gente corría de un lado a otro. El toro de Cheo asediaba a los mas incautos y hasta las señoras tenían que esconderse. Al final ya extenuados los miembros del grupo dejaban al toro a un lado de la calle y se morían de la risa de las cosas que habían hecho. 

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CARNAVAL CON AGUA

Durante los días de carnaval había que andar con cuidado en el pueblo porque de repente caminando por la calle podían recibir un baño de agua. Las mangueras de presión eran utilizadas por algunos famosos mojadores. Los días lunes y martes la cuestión arreciaba, ya no eran las populares pistolitas de agua ni las bombitas, eran tobos de agua. La cuestión comenzaba con los niños que se apostaban en las aceras hasta que salieran las victimas. Los muchachos perseguían a las muchachas quienes gritaban: ¡Noooo….noooo! hasta que las bañaban.  A medida que pasaba el día los grupos crecían y uno bañaba al otro. Los mas atrevidos entraban a las casas pero siempre eran recibidos con una descarga de agua. Los vecinos jugaban carnaval con agua en los patios de las casas para evitar el peligro de la calle.
Lo mas sano era jugar con azulillo que es una especie de tinte que permitía pintar a los demás, cuando las cosas se ponían mas criticas aparecía el almidón y la harina de trigo  para echar en los cabellos con papelillos. Los huevos podridos eran usados por algunas personas, cuando ya la cuestión arreciaba se utilizaban pinturas de color, sobretodo rojas. La cuestión se tornaba muy peligrosa porque en las carreras y forcejeos ¡Chis…chas! podían ocasionar lesiones. Los grupos de amigos se iban de calle en calle para mojar a cuanta persona conseguían, estas eran perseguidas hasta ser sometidas, usualmente se agregaban al grupo. Algunos se montaban en algún camión con barandas y colocaban un tambor con agua, así recorrían el pueblo buscando las victimas y lanzando agua contra las ventanas y puertas donde se escondían los transeúntes. Un vehículo famoso era el del Señor Barrios que llevaban un bomba de alta presión y de largo alcance.
Una tradición muy antigua era que una persona en traje de baño se pintaba de rojo y se colocaba hasta una careta de diablo. Así corría por la plaza y las calles aledañas convirtiéndose en el terror de los pobladores. Este diablo salía los días martes. Llevaba un tridente en una mano y una lata de pintura roja en la otra. Los niños impávidos ni se acercaban y desde las 2 de la tarde la gente ni se atrevía a pasar por la plaza. El diablo era un personaje temido y no iba solo, tenía un grupo de séquitos que se encargaban de perseguir  y atrapar a los transeúntes que ingenuamente estban cerca. Nadie se salvaba.

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miércoles, 3 de diciembre de 2014

LA MISS MUNDO - RECUERDOS DE LA INFANCIA - N.G.RODRIGUEZ



LA MIS MUNDO
Antes de comenzar el carnaval todos se preguntaban de qué se va a disfrazar Ramoncito este año?  En los carnavales anteriores se había disfrazado de Marylin Monroe, de Sofia Loren o de Elisabeth Taylor o de la mujer mas bella del pueblo llamada María Gámez. Sus trajes eran elaborados con tela de alta costura y de cortes característicos, lucía prendas y peinado de peluquería. Nos acercamos cerca a donde vivía Ramoncito, un muchacho de piel blanca, alto, con el único defecto que era hombre pero quería ser mujer. De modales femeninos, de voz tenue y refinada y con una coquetería propia de las mujeres mas atractivas. Decenas de personas esperaban el paso desde su casa a la plaza, todo era un enigma hasta que aparecía frente a la puerta de su casa, vestía un traje blanco largo  ceñido al cuerpo y abierto en la pierna derecha hasta mas arriba de la rodilla, con un escote atrevido luciendo un collar de perlas, en su mano izquierda llevaba el guante de la mano derecha descubierta y con uñas largas pintadas de color rosado suave. Una media capa de color rojo llegaba por su espalda hasta las rodillas. La cabellera lucia un peinado recogido y una corona de reina, estábamos en presencia de Mis Mundo en persona, con una sonrisa amplia, dientes blancos y labios rosado oscuro, Ramoncito miraba con altivez  a medida que caminaba con aquellas zapatillas blancas con tacones Luis XVI por la pasarela de las calles del pueblo lanzando papelillos multicolores a quienes lo admiraban. Oh...que bella!!! Gritaba la gente y aplaudía clap…clap...clap. Nadie se metía con aquel hombre vestido de reina de belleza en honor a Elisabeth, una pueblerina que había ido al Miss Mundo y había quedado dentro las finalistas, todos respetaban a Ramoncito. Antes de llegar a la plaza donde lo esperaba medio pueblo, entró al bar de la esquina y todos los hombres le silbaban fiu…fiu, aprovecho para tomarse un trago puro de licor para entonar el cuerpo y continúo su recorrido, al llegar a la plaza la orquesta comenzó a tocar Valses y al son de la música la Mis Mundo bailaba con todos derrochando alegría.
Cola para bailar con la Reina
Los hombres se disputaban un baile con la Reina, desde pasodobles hasta boleros y guarachas, todo tipo de ritmo bailaban durante minutos largos. Aquel hombre disfrazado gozaba de la rueda de personas de todas las edades que disfrutaban del espectáculo. Con aquella coquetería propia de las mujeres  se retocaba el maquillaje, se recogía el vestido, se sentaba en el banco, sonreía y lanzaba besos muack…muacks…al público en medio de aplausos. De repente la Reina señalo que se pegaran a sus espaldas para formar un trencito, se produjeron risas y aplausos.
Pasadas las diez de la noche, Ramoncito ya se veía cansado. Se había tomado unos cuantos tragos entre baile y baile. Ya se resbalaba e iba de lado. Sus acompañantes lo tomaron por el brazo y salieron hacia un costado de la plaza y apuraron el paso de regreso a casa. Sería hasta el año que viene.

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EL NIÑO DEL COTOPERIZ - Cuento para mayorcitos - N.G.RODRIGUEZ




EL NIÑO DEL COTOPERIZ
En la casa de Gerard había una mata de Cotoperiz, este era un árbol grande de unos 18 metros de alto ubicado en el patio del solar, dando una sombra como de unos ocho metros de diámetro.
El Cotoperiz tenía un tronco fuerte de medio metro y ramificado en troncos  alargados de diámetros que oscila entre 8  y 4 centímetros. El fruto de ese árbol era muy rico, para todos era una delicia.
El Cotoperiz contiene una semilla verde de un centímetro de largo, rodeada de una concha amarilla. La pulpa que envuelve las semillas es comestible y de sabor dulce. Se come fresca y también se utiliza para preparar jugos y mermeladas. Es refrescante y ligeramente laxante.  Las semillas asadas  y la infusión de las hojas tienen propiedades astringentes y anti diarreicas. La carga de cotopriz, como algunos también le dicen, se da una vez  al año.
Gerard y sus hermanos, se montaban  al árbol por medio de una escalera, vigilados por su Papá, y luego solos, bajaban esa cosecha de cotoperiz, la cual era repartido  en gajos a los familiares y amistades.
Ese árbol de cotoperiz  tenía alguna utilidad práctica, una de ellas era para esconderse, cuando no querían que los enviaran a hacer algo, la mamá gritaba ¿Gerard donde estas? o cuando venía el Policía Escolar o el temible inyectadooooooor de antibióticos. Gerard calladito, chsssss, ni se movía.
Gerard que era un niño muy atento, no perdía tiempo para llevar  un gajito de cotoperiz a las niñas, más vivo que era, esto era una forma de hacer sus relaciones sociales y algo más.
De manera especial atendía a los visitantes y vecinos, en alguna ocasión más que entregar un gajito, fue como que si entregaba su corazón porque se trataba de alguna enamorada, dentro de ellas había una niña que se destacaba por su delicadeza y figura inmaculada, era muy delgada y tenía una sonrisa leve en su comisuras. Gerard la veía con una emoción tal que le deba cierto temor acercarse a decirle algo. Su voz era como el trinar de los pájaros fiuuu...fiuuu, sus modales como de una princesa, su cabellera hasta los hombros parecían serpentinas y  su mirada penetrante  conjugada con su leve sonrisa, esto hacia delirar  "Hmhh" al niño del cotoperiz.
Solo miradas, palabras de saludo, ¡Hoola!  ¿Cóóómo estás? o conversaciones de niños,  daban rienda suelta a la imaginación. Las ilusiones del niño del cotoperiz se las llevaba la distancia y sería hasta una nuevo encuentro para que nuevamente revoloteasen  las alas de los sueños.
Gerard confiaba en tres cosas, una, en la pulpa del cotoperiz  porque si te comes uno, quieres mas. El observó como su enamorada con delicadeza mordió el cotoperiz, le quito la mitad de la concha y empezó a saborearlo con sus labios y dijo: ¡Rico, gracias Gerard!; luego introdujo el fruto a su boca y así repitió varios cotoperiz. Ya todo estaba consumado.

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lunes, 1 de diciembre de 2014

LAS AREPAS DE MI PUEBLO - RECUERDOS/CUENTOS INFANTILES- N.G.RODRIGUEZ



LAS AREPAS DE MI PUEBLO
Doña Felicia
Antes de las siete de la mañana la Mamá de Freddy lo enviaba a buscar donde Doña María Felicia las arepas encargadas para el desayuno del día. María Felicia vivía tres casa cerca de los Fernández, padres de Freddy. María Felicia vestía falda larga y blusas sin mangas, llevaba siempre una pañueleta para proteger el cabello, calzaba unas alpargatas de cuero finamente decoradas. Tenía un fogón largo como de dos metros en un cuarto al aire libre, al mismo tiempo atendía más de veinte arepas al mismo tiempo, sin ayuda directa de alguna de sus parientes  que solo obedecían a su mandato para traer o llevar algo, uno de sus gritos habituales era este: ¡¡¡Teresa apúrate con la molienda del maíz!!! Una radio prendida dejaba escuchar las noticias del día y lo más importante la hora, “Son las seis y cuarenta y cinco de la mañana, tin…ton…tan”. Con una habilidad que solo da la experiencia, colocaba la leña, amasaba el maíz, volteaba las arepas, calentaba las cafeteras de peltre, pasaba las arepas sobre los tizones de leña para quemarlas y finalmente raspaba las arepas con una lata o un vidrio (rasss…rasss…rasss). Las arepas calienticas  se caracterizan porque eran grandecitas y de grosor medio, estas se colocaban para llevarlas en bolsas de papel. Había siempre que hacer una cola por orden de llegada. Todo tenía que estar calculado en el tiempo porque después del desayuno había que acudir a la Escuela. Estas arepas  quemaditas algunas, se comían frecuentemente con mantequilla y queso, a veces se acompañaban con huevos o carne molida o mechada, según lo que preparaba la Mamá de Freddy. Siempre se acompañaba el desayuno con café con leche.  Otras veces haciamos sopa de arepa, riquisima con leche, mantequilla y queso rayado. uhmmmm.
Doña Vicenta:
Como la familia Fernández tuvo que mudarse a otro sector del pueblo, tuvieron que averiguar quien preparaba las arepas, se encontraron con Dona Vicenta, una señora baja de estatura, de piel morena y que tenía una ayudante, su hija mayor, la señorita Inesita, una muchacha delgada y alta. Dona Vicenta usaba dos fogones redondos y todo lo tenía en su cuarto de trabajo. Ella fumaba pero con una característica, el cabo del tabaco se lo introducía prendido por medio de la lengua, en la boca y aspiraba ese humo. Aquello llamaba mucho la atención a Freddy quien lo comentaba a sus familiares y amigos. Las arepas de Doña Vicenta eran gorditas y relativamente pequeñas. El proceso era el mismo. Doña Vicenta entre paso y paso se enjuagaba las manos en un balde agua para limpiarlas. Su hija Inesita amasaba y metía la mano en los fogones bajo la coordinación con Doña Vicenta, quien escuchaba novelas por su radio. De tantos días ir seguidos, prácticamente Freddy se convirtió en oyente de las novelas, de las cuales se reía, jejejeje y hasta entristecía según el caso. Las personas que acudían a buscar sus arepas se colocaban alrededor del tinglado abierto colocado en el patio de la casa, el piso era de tierra. En el patio se observaba un gallinero y de vez en cuando el canto del gallo kikirikiii y una jaula con pajaritos de diversos tipos que trinaban. En los días sábados y domingos Dona Vicenta elaboraba arepitas dulces amasadas con agua de papelón, se le agregaba harina de maíz y anís dulce. Estas se preparaban con la masa más aguadita y muy delgaditas, se vertían al caldero con aceite hirviendo y su elaboración era más rápida. Era una costumbre ir los sábados y domingos a buscar los dos tipos de arepas.
Mi Mamá
No era que la Mamá de Freddy no hiciera las arepas, era cuestión de tiempo, porque en esa época las arepas eran de maíz molido. Sin embargo en una u otra ocasión especial las preparaba. A diferencia de las anteriores, la Mamá de Freddy hacía las arepas normales, pero al Papá de Freddy, le gustaban quemaditas y con queso rallado incorporado a la masa. Las arepas de la Mamá de Freddy eran las mejores para ellos, iban directo del fogón pequeño de la cocina a la mesa. La familia compartía su elaboración, desde pasar por el molino del pueblo el día anterior hasta compartirla en familia. Los desayunos de la casa de Freddy, en un día especial era completo, lo malo era la modorra posterior zzz  zzzz de un día de descanso que convidaba al sueño, aunque a los niños se les pasaba rápido por su actitud al juego. 
Así eran las arepas de mi pueblo.

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