miércoles, 10 de diciembre de 2014

EL CABALLITO DE HIERRO - MEMORIAS HISTORICAS DIGITALIZADAS DE TURMERO - N.G. RODRIGUEZ


MEMORIAS HISTÓRICAS DIGITALIZADAS DE TURMERO
Publicación 156

EL CABALLITO DE HIERRO

Todos los domingos se efectuaba un clásico ciclístico, la emoción era mayor cuando “El Negro Nato” participaba, era oriundo del pueblo y despuntaba como un buen corredor, sobretodo en terreno plano. Su contextura alta y su cuerpo fornido, no propias de un ciclista lo diferenciaban de los demás quienes eran delgados y de mediana estatura. Aquel domingo se corría una carrera normal patrocinada por una empresa de gaseosas. La primera parte se desarrolló hacia la montaña, y luego la bajada “El Negro” viene escapado ¡!! gritaba la gente!!!, efectivamente “El Negro” se apareció a la vista de todos pedaleando a todo tren, había dado la satisfacción de pasar ganando, aunque el pelotón venía como a dos kilómetros, seguramente lo arropaba en pocos minutos. No obstante ello, faltaban doce kilómetros para la meta y podría también terminar de primero si mantenía el ritmo de velocidad. “El Negro” llevaba un maillot verde ceñido al cuerpo al igual que el “culotte”, un short especial para evitar el roce con las partes delicadas. Las zapatillas combinaban con los guantes y “El Negro” usaba lentes oscuros grandes para protegerse del sol. Su bicicleta Por la radio pudimos escuchar que “El Negro” había llegado solo a la raya con apenas trescientos metros de ventaja sobre el pelotón que no pudo darle cacería.
En otra carrera de la Vuelta a Venezuela, como siempre,  “El Negro Nato” pasó por su pueblo natal encabezando un pelotón de siete ciclistas escapados. La ruta los llevaría a la meta ubicada unos sesenta kilómetros de distancia en San Juan de Los Morros, ahora es cuando faltaba carrera. Era la carrera más importante, con esta se cumplía la etapa III de cinco en total. La radio nos informaba que “El Negro” se había despegado del pelotón cuando faltaban, veinte kilómetros de distancia. El camino era plano pero tenía muchas curvas y chinchorros. Todos ligaban que ganara y pudo hacerlo para satisfacción de todos. Al día siguiente le toco la montaña, para “El Negro” la montaña era como subir una pared, no pudo a pesar del esfuerzo. Las piernas le flaqueaban, solo pudo recuperarse algo en la bajada. Un séptimo lugar en la general no era malo, pero aspiraba más. El hombre siguió trabajando duro, se entrenaban regularmente y competían los domingos.
Oh sorpresa!!! El día menos esperado  “El Negro Nato” fue llamado por la Federación Nacional de Ciclismo y le informaron que había sido seleccionado para representar al país en el Campeonato Mundial de ciclismo a efectuarse en Francia, tuvo que sacar pasaporte y todo, le dieron una bicicleta nueva especial de alta competencia. “El Negro” fue despedido con mucha esperanza por su pueblo. ¡suerte!...¡suerte! le decían. En las anteriores participaciones solo se sabía que todos  habían abandonado.  “El Negro” fue seleccionado por su pundonor y por ser muy bueno en terreno plano que era la ruta seleccionada. Estuvo preparándose como un mes, y el día de la carrera llegó. Ciclistas de todo el mundo estaban presentes, habían más técnicos que ciclistas. La delegación llegó con una semana de antelación, un poco para aclimatarse, el frió estaba siempre por debajo de ocho grados. Aquel día en la mañana llegaron al lugar de la partida, ciento cincuenta y seis corredores tomaron posiciones. El recorrido a realizar era de doscientos cuarenta y ocho kilómetros, cuando el pelotón salió muchos se persignaron, cuando se llegó al kilómetro ochenta y uno se produjo una escapada de cinco penalistas, ya el pelotón se había dividido como en cinco pedazos. “El Negro Nacho” estaba en el último grupo. De los cuatro compañeros de equipo uno había abandonado por causas del clima, la temperatura había bajado aquella mañana a cinco grados centígrados con tendencia a seguir bajando por la nubosidad oscura. En el kilómetro ciento cuarenta de competencia ya los otros dos compañeros de “El Negro Nacho” se habían retirado por razones climáticas y del ritmo de la carrera. Los alemanes, franceses, italianos, españoles, rusos, belgas y otros tenían un promedio de velocidad superior a los cincuenta kilómetros por hora. “El Negro Nacho” se mantenía en carrera ante el asombro de la delegación, aquel hombre había soportado el clima, aunque su accionar no era el mejor se mantenía encima de su caballito de acero cuando la carrera entraba en la recta final el motorizado que lo acompañaba, solo escuchaba el sonido de la respiración, uuujuuu...uuuujuuu...uuujuuuu. La carrera la ganó el belga quien llegó solo a la llegada con un minuto y treinta y ocho segundos de diferencia respecto al lote de tres corredores que llegaron luego, un italiano y dos franceses. Cuando todos habían llegado hace media hora, los jefes de seguridad informaban que faltaba uno, a lo lejos se diviso un ciclista en solitario, los medios de comunicación mundial se ubicaron en la meta, este hombre era el único latinoamericano en competencia, no había ganado, pero había llegado. Al cruzar la raya, los flaxes de los fotógrafos y las cámaras y micrófonos captaron las imágenes mas difundidas del campeonato mundial de ciclismo, los integrantes de su equipo lo felicitaban. “El Negro Nato”  no podía bajarse por su cuenta de la bicicleta, estaba totalmente congelado, brrr...brrr, la temperatura llegaba a tres grados centígrados. Los noticieros mundiales difundieron el hecho como lo mas resaltante del evento, “El Negro Nato”  había llegado de último a mas de una hora del ganador, pero había resultado el héroe por su fuerza de voluntad. Estuvo tres días hospitalizado, las manos y los pies se habían amoratado. Sus coterráneos allá en lo lejos recibieron la noticia con mucho orgullo, el titular de los periódicos no le dieron importancia al ganador, prefirieron destacar que un latinoamericano había alcanzado la meta en la mayor demostración de honradez por el deporte que hubiesen visto.   
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lunes, 8 de diciembre de 2014



EL NIÑO DE GOMA


Todos los niños tenían entre diez y catorce años. Estudiaban en la escuela del pueblo o habían ingresado ya a secundaria. Por dentro tenían todos la vocación de pelotero. El menor de la partida se llamaba Fernando, estudiaba quinto grado, un día cualquiera llegó a la escuela, en el recreo los muchachos se ponían a jugar en el patio sin guantes y con pelota de goma. Fernando estaba en la primera base de aquel partido improvisado y jugaba como lo hacia en el patio de su casa, de repente lo abordó “El Catire” Delfín y “El Gallito” Luís, lo invitaron a una practica que se efectuaría a las tres de la tarde en el campo de La Encrucijada para probarlo porque necesitaban un sustituto de “Media lengua” que estaba lesionado y el campeonato Ínter escolar comenzaba el próximo sábado. Fernandito llegó a su casa al mediodía y le contó a su Mamá y a su hermano Filiberto quien se ofreció a llevarlo. Cuando llegaron al campo el manager, “El Profe” como le decían al Profesor de educación física, llamó a Fernandito y le dio el guantín alargado, y le dijo: “calienta el brazo y ubícate en la primera a ver si es verdad que tu coges pelota”. Cada uno de los jugadores ocupó su posición y “El Profe” comenzó a fondear y los disparos enviados a primera fueron recibidos con cierta comodidad. “El Profe” le bateo varios roletazos al pequeño Fernandito, este se defendió como pudo, algunos dieron en su guantín y pudo recuperar la pelota, alguno que otro era pifiado, pero en general el “Profe” estaba bastante satisfecho. Después vino la práctica de bateo, “El Profe” se paró cerca del plato para saber si aquel muchachito de menor edad que los demás y mas chiquito, era capaz de batear la bola. A duras penas Fernandito podía batear los rápidos envíos de los lanzadores. Sin embargo hacia contacto y tenía buena mecánica, los batazos no iban muy lejos. Le hicieron correr las bases, lanzarse en las bases y le dieron algunas indicaciones. Al terminar la práctica, “El Profe” llamó a Fernandito y le dijo: Bueno mijo, vas a jugar en el equipo, el campeonato comienza este sábado, búscame mañana para entregarte el uniforme”. Le dio una palmadita y se despidió. Fernandito salió corriendo donde su hermano y se abrazaron emocionados.
A las nueve y media de la mañana del sábado, el campo deportivo de la Escuela Granja estaba lleno, seis equipos se disputaban la copa del III campeonato Inter escolar, hubo un desfile y cada equipo llevo su madrina, la mañana asoleada estaba adecuada para jugar béisbol. La Escuela Rural jugaba seguro porque era el equipo sede, de los visitantes había que escoger uno, se introdujeron los papelitos en una bolsa y la madrina del equipo local introdujo su mano y …dijeron en voz alta: “La Democracia” y todos saltaron de alegría. Cada equipo toma su lugar debajo de los árboles, se sacan los implementos y comienza la fase de calentamiento. Por el equipo del patio lanzaría “El Gringo” Rojas, un espigado joven de catorce años con pinta de profesional y dentro de sus jugadores estrellas estaba Carlos Duran, un receptor prospecto de liga profesional. Hay que hacer notar que los jugadores del equipo de la Escuela Granja eran mayores porque tenían un nivel académico adicional. Las barras de los equipos animaban a sus jugadores.  En el primer acto “Los Demócratas” recibieron tres ponches y saltaron al terreno de juego con ilusiones de ganar. Velásquez era el receptor, Mares el lanzador, Fernándito en la primera con el número 12 en la espalda, Darwin en la segunda, “Gallito” en el campo corto, “El Delfín” en tercera, “El Gago” en la derecha, Castro en el centro y Reverón en la izquierda. Uno de los bateadores de “La Rural” bateo por tercera y “El Delfín” lanzó a segunda buscando la jugada de doble out con pivote del camarero quien lanzó a primera y Fernandino abrió las piernas para estirar el cuerpo y completar la jugada. Una persona del público comentó, “ese niño como que es de goma”.      
Cada uno de los bateadores que se enfrentaba al  “Gringo” Rojas era ponchado, ocho ponches en fila, Fernandino, noveno bate, que estaba en el circulo de espera se dirigió a la caja de batear, se colocó a la mano derecha, se persigno y se dispuso a tomar su turno, calzaba zapatos de goma tipo botín, medias azules altas y un uniforme grisáceo con rayas azules muy ancho que se notaba haber sido usado en varias ocasiones, la gorra era azul oscuro con una “D” Mayúscula al frente, levantó la mirada y observó las señales de “El Profe” quien le dijo que aguantara uno. El juego estaba cero a cero en el tercer capitulo. El “Gringo” vino por el medio pero pegado, volvió a lanzar fuertemente en la esquinita de afuera y el árbitro cantó ¡strike one!. En cuenta de uno y uno, el lanzador lanzó dos bolas altas. Vino nuevamente por el centro y Fernandino soltó el bate dando un faul en elevado por la tercera que pegó contra los frondosos árboles. La barra animaba a Fernandino, se volvió a colocar delante del plato y se fue con una recta bajita, solo le puso el bate y una línea salio por encima de la almohadilla de segunda, todos quedaron petrificados, el mas pequeño en estatura, aquel “Niño de goma” como bautizaron los fanáticos a Fernandito, había dado el primer inatrapable del partido. La Barra de “La Democracia” salto de alegría gritando ¡Fernandito…Fernandito!. Esta no llegó a mucho, Darwin bateo un elevado a la intermedia.

El juego continuo cerrado, Mares estaba intraficable, la curva de tirabuzón le rompía magistralmente, el cambio de velocidad engañaba a los temibles bateadores de “La Rural”. En la quinta entrada “La Rural” se fue arriba, una base por bola, un robo de base y un hit de prospecto Carlos Duran entre el jardín izquierdo y el central, fabricó la primera carrera del partido. Esto no desanimo a “Los Demócratas”, por el contrario, cuando les correspondió el turno siguiente lograron rápidamente empatar el juego. Castro se embasó con elevado detrás de primera base que cayo en zona buena. Velásquez bateo un incomible entre tercera y campo corto. Mares falló con globito para intento de toque. Fernándito logró avanzar a los corredores a tercera y segunda con rolling por segunda. Le dieron la base por bolas a Darwin y las bases se llenaron. “Gallito” sonó un metrallazo sobre la línea de tercera y entraron dos carreras, “Los Demócratas” se fueron arriba dos a una. En el sexto todo siguió parejo, un relampagueante doble play en combinación de Darwin y “Gallito” alrededor de la segunda almohadilla acabó con una amenaza seria de “La Rural” que logró llenar las bases con un solo out en la pizarra, esta estaba colocada un poco mas allá de la primera base y el anotador del partido con una tiza anotaba las carreras.
El sol era inclemente, los equipos habían llevado cava con agua, malta y refrescos. Las muchachas no acostumbradas a estos ajetreos ya estaban fastidiadas a pesar de estar ganando. Algunas mas sociables habían conseguido entablar conversación con alguno de los presentes aunque fuere del bando contrario. La música sonaba entre entradas y así entramos al último episodio, el séptimo de la suerte. “El Gringo” perdía el partido pero estaba mas duro y curvero, ya había abanicado a catorce.  Para cerrar el juego en la parte baja del séptimo, “La Rural” salió a dar el todo por el todo. Mares, después de haber retirado el primero al que enfrentó fue castigado con un batazo de dos bases. La carrera del empate estaba en segunda y la de ganar en la caja de bateo. “ El Profe” ordeno dar el boleto al cuarto bate para buscar una doble matanza. Entró a batear “El zurdo”, un espigado muchacho oriundo de la costa, al primer lanzamiento batea una línea bajita sobre la primera base y “El Niño de goma” se lanza sobre la bola y logra capturarla con la punta del guantín, pisa la base y completa la jugada del cierre. Los jugadores todos se van hacia él y se funden en un abrazo, era el héroe del partido. La barra se lanzó al campo, “El Profe” emocionado recibía las felicitaciones. “La Escuela” La Democracia” había ganado contra todos los pronósticos. 

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CAMPOS DE BEISBOL


Aprendieron a jugar béisbol con pelotas de cartón del envase de la leche, la apretaban fuertemente y esa era la pelota, jugaban en la calle y dentro de la casa. También jugaban con chapita de refrescos achatadas con una piedra, bateaban con un palo de escoba, normalmente lo hacían en la calle. Las mejores partidas se jugaban con pelotas de goma pequeña en los patios traseros de las casas, los arbustos eran las referencias de las bases y casi que estaba prohibido botarla de jonrón o de faul porque la pelota desaparecía para otra casa y el juego se paralizaba. Los bates eran las manos apuñadas.
Como en las casas había problemas con los vecinos, decidieron mudarse a la “pata del cerro”, al final de la calle. Allí debajo de una Ceiba instalaron el plato y contra el cerro las bases, para batear un Jonrón no había problemas, bien alto contra el cerro y que la pelota no bajara rápido o que se perdiera en los matorrales. El terreno era semilunar. No había receptor pero si lanzador. Aquellas partidas eran interminables.
El Monterey era un terreno de unos cien metros de largo por el campo izquierdo donde estaba ubicada una casa de familia y de unos setenta por el lado derecho, en ambos laterales se daba a la calle. Allí jugaban con pelota de goma grande y con bate de palo, hechos a mano, con la ayuda de un cuchillo. Todas las tardes y los sábados se jugaban las caimaneras de muchachos entre ocho y catorce años con ligeras excepciones. De repente se inventó un campeonato de dos equipos, uno, los amarillos, que consiguieron las franelas y las gorras de una marca de pintura de pared y los otros los azules identificados con una marca de refrescos. Los receptores no usaban caretas ni nada, el árbitro se colocaba después del lanzador. Los mismos jugadores compraban cal y pintaban las líneas del campo.
El potrero era otro terreno, era plano y mas grande, alargado por el centro. No tenía árboles, solo un gallinero en un costado pero no estorbaba. Se pudo hacerle una lomita y colocarle una cerca protectora de alambre detrás del plato. Jugaban con pelota de pabilo enrollado sobre un corcho y luego forraban con teipe negro o con adhesivo blanco. Los bates eran igualmente de palo, se usaban los cabos de las palas o del pico que eran amoldados. Se organizaron los equipos por sectores: Monterrey, Monteoscuro, Pueblo Nuevo y el Matadero.
El cadillal era otro terreno que no tenía fin, lo malo es que era enmontonado y había cadillos por todas partes, tampoco era plano sino ensurcado, sembraban en ocasiones maíz. Para jugar había que limpiar con machete. Para agarrar una rolata había que ser una estrella.  Para tomar un elevado había que saltar entre los matorrales. En estas partidas predominaban los muchachos más grandes. Las partidas eran callejeras.

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UN BOLIVAR POR LA REVOLUCION


Armandito, de unos nueve años,  estaba sentado en el altozano de la Iglesia junto a su pandillita de amigos, estaba previsto para aquel día que los barbudos de la revolución antillana pasarían por el pueblo, un grupo de gente estaba agolpada en las esquinas, había curiosidad por ver aquellos hombres que derrocaron una dictadura. En unos jeeps descapotable tipo militar hicieron su aparición, eran cuatro hombres de piel blanca, sus barbas negras o grises según la edad sobresalía en ellos, no en vano se bautizaron como los barbudos.  La campaña que promovían era la de “Un Bolívar por la Revolución” y logró recaudar en medio de nuestra pobreza importantes recursos económicos para aquellos insurgentes que eran recibidos como héroes. La caravana pasó poco a poco, se paró un rato en la Plaza y continúo. Algunas personas le pedían autógrafos, los felicitaban y daban un apretón de mano como saludo.  Armandito y sus amigos presenciaban a estas personas vestidos de verde oscuro tipo militar. También había mucha gente indiferente que veía la caravana desde las ventanas de sus casas o ni siquiera salió a saludar, se observaba una resistencia callada. Dudaban sobre lo que estaba detrás de aquellos hombres armados.
¡Cuidado mijos!, dijo Don Severo cuando pasa por las escalinatas ayudado por su bastón. “En Cuba la cosa no es como la pintan, según las noticias que recibo, muchos inocentes han sido fusilados”.  Don Severo se quedó hablando con Doña Jacinta que había salido de la misa, le dijo: “Yo no colaboro con estos barbudos porque en Cuba están persiguiendo a los Curas y las Monjas, las Iglesias se han estado cerrando y miles de Cubanos han salido de Cuba, mi amigo Leonardo Martín me envió una carta que me acaba de llegar y me dice que le quitaron su casa con todo adentro, huyó para Miami con su esposa  y dos hijas con una sola maleta. La cuestión no es como la pinta”, dijo Don Severo.
La Abuela dice:  “Mi hermana que vive en Cuba me envió una correspondencia donde me dice que la cosa no está muy buena, los dueños de las tierras huyeron, estas fueron confiscadas por el régimen”. ¿Armandito porque tu me preguntas sobre Cuba?  Armandito le contó que unos barbudos cubanos habían pasado esa mañana por el pueblo pidiendo “Un Bolívar para la Revolución” y Don Severo dijo algo en contra. “Uhhh ju”, murmuró la Abuela. “Mi hermana me cuenta que el comunismo ha traído mas necesidades, ahora ni hay pesos ni tampoco nada que comprar, ella quiere mandarme unos bordados pero no consigue telas ni hilos. La agricultura está pesada porque solo sirve para consumo y trueque, pero no hay mercado donde vender la producción”. Armandito, cabizbajo y pensativo, le pregunto a su Abuela ¿y yo tengo familia allá Abuela? Si mijo, tienes unos primos. ¿Y cómo hacemos para ayudarlos? Por ahora no podemos, porque está prohibido enviar remesas y paquetes, contestó la Abuela. ¿Y no podemos mandarles un Bolívar para la revolución? La Abuela le dijo que eso no les llegaría a ellos. Ese bolívar era para los llamados comandantes.

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LOS MITINES


La democracia había renacido después de doce años de dictadura, llegaban al pueblo los actos públicos para escuchar los grandes oradores que traían su mensaje en forma directa a la gente. Los blancos habían convocado a sus seguidores, eran las cuatro de la tarde, en la plaza se había montado una tarima de un metro de altura en un costado del monolito central. La música sonaba por las cornetas de aire, se escuchaba el himno del partido: “Adelante a luchar milicianos…” y un micrófono estaba listo para ser usado. Joaquín y Bernardo, siendo unos niños menores de diez años se ubicaron a un costado de la baja tarima, estaban en primera fila, no se iban a perder nada. Cuando había unas quinientas personas hicieron su aparición los líderes, además de los personajes conocidos como el Bebeto, dirigente obrero y Nicolás Peña, dirigente agrario que serían los oradores locales. El Doctor Bonifacio López, médico cirujano hablaría por los dirigentes regionales y cerraría el mitin el candidato presidencial Román Belisario. Este hombre tenía un historial de mucho reconocimiento, desde la clandestinidad hasta el exilio. El ánimo estaba caldeado, había amenaza de saboteo, los rojos se querían desquitar cuentas viejas. Luego de los discursos encendidos y de compromiso, le tocaba hablar al Señor Román Belisario, el candidato del pueblo. Joaquín y Bernardo miraban a aquel hombre de mediana estatura, iba vestido con un flux gris y camisa blanca, usaba lentes de montura negra y grueso cristal sobre su nariz grande. Su pelo ya dibujaba el medio centenar de edad. Su discurso emocionaba a todos apenas comenzó diciendo la palabra “Compañeros todos presentes en este acto democrático”. Cuando el discurso ya tenía unos diez minutos de haberse iniciado, unas piedras, tomates y limones hicieron presencia en la plaza, hubo una algarabía, tacatá… uno de los limones le había dado en la cara al Señor Román Belisario, este bajo hacia donde estábamos nosotros y exclamó: ¡Coño…Me pegaron en la cara!. El hombre se sacó el pañuelo, se limpió el rostro y como si nada, retomó el micrófono diciendo en medio de aplausos, plac…plac…plac: “Eso son los facinerosos de siempre, exclamó el líder,  pero no van a poder detener la victoria electoral que conseguiremos en diciembre, vamos rumbo a la Presidencia”. La calma volvió en medio de los aplausos.
Luego, a los días, otroacto estaba montado para iniciarse a las cuatro de la tarde, los amarillos tenían un gran poder de convocatoria, su máximo líder partidista era un hombre de gran carisma, fue destacado dirigente estudiantil e hizo una resistencia visible a la dictadura militar. Nadie entendía porque no era el candidato, pero prefirió al militar candidato porque este tenía el aval de haber encabezado la asonada cívico-militar que acabó con el régimen dictatorial. El lugareño Pedro Martín fue el encargado de dar la bienvenida a los ilustres visitantes, la plaza estaba adornada de banderas amarillas, faltaban pocos días para las elecciones. Joaquín y Bernardo que no se pelaban una, estaban allí a pata e´ mingo. Quedaron impresionados con el verbo encendido de Juvenal Villa, líder auténtico de los amarillos, era reconocido como uno de los baluartes de la generación de demócratas. Aquel hombre diminuto y con calva evidente era inteligente y conocía bien al pueblo. Después habló el militar candidato, hombre bien parecido, vestido de civil, usaba una camisa a cuadros. La primera fila estaba lleno de mujeres, casi que le pedían autógrafos. Los amarillos habían tenido una asistencia respetable. De repente un cuatro criollo llegó a sus manos y entonó una breve melodía, la gente enloqueció.
Joaquín y Bernardo estaban allí en la Plaza cuando llegó el Doctor Rafael Caballero, otro candidato, lo vieron cuando se dirigía a visitar a Doña Luisa en el costado de la plaza. Este hombre alto de pelo engominado, lucia un traje azul claro con camisa del mismo color. A la hora señalada llegó a la Plaza acompañado con sus seguidores, el decorado ahora era verde y había mucho colorido. En esta oportunidad habló  Evangelina Guerra, dirigente femenino de la localidad y un saludo del Doctor Gonzalo Gómez. Cuando se inició el discurso del candidato de los verdes, allí en el sitio de siempre estaban Joaquín y Bernardo. El Doctor Caballero era un hombre muy culto, todo lo que decía tenía razón, no hubo desperdicio en sus palabras. Mucha gente del comercio y de la industria se había acercado para escuchar este mensaje de orientación cristiana.

No había pasado una semana y los rojos convocaron su acto en la plaza, se anunciaba la presencia de su candidato presidencial Don Gumersindo Marín y las palabras del líder obrero Enrique Pedrosa. En el decorado destacaba el color rojo y pancartas pintadas a mano. Se notaba la presencia de trabajadores que esperaban el comienzo del acto. Por si existiera algún enfrentamiento la brigada de orden cubría las cuatro entradas a la plaza. Enrique Pedrosa reclamó los derechos de la clase obrera y pedía justicia social. Don Gumersindo Marín critico la posición cómoda de los otros candidatos que según sus palabras, estaban financiados por grupos internacionales. Joaquín y Bernardo se miraban la cara, ahora tenían que decidir a quien apoyarían, no podían votar por razones de edad,  pero querían participar. La decisión estaba difícil, todos decían verdades y tenían razón. Prefirieron esperar hasta que ejercieran su derecho al voto en el futuro.
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domingo, 7 de diciembre de 2014

LAS PUERTAS DE LA LIBERTAD - CAÍDA DE PEREZ JIMENEZ - N.G.RODRIGUEZ


Memorias Históricas Digitalizadas de Turmero No.160

LAS PUERTAS DE LA LIBERTAD

Ángel de asomaba a la puerta de la calle y observaba como los “patas blancas”, llamaban así a los militares que usaban unas polainas de ese color, característicos de la  milicias que daban vuelta por las calles del pueblo para reclutar a los jóvenes con edad para el servicio militar. El gobierno opresor se caracterizaba por el gorilismo militar, a los niños no se les permitía jugar en la calle ni salir solos. En las reuniones familiares estaba prohibido hablar de política y los padres decían en voz baja "shhhh"  ¡¡cuidado que las paredes oyen!!. En las fechas patrias era obligatorio asistir a los desfiles cívico-militares y en las escuelas se daba instrucción militar para aprender a marchar. Una banda musical, con instrumentos de percusión y con  un batutero al frente, iniciaba las horas interminables de preparación, a paso firme del tambor tan…tan…tantarntantan se mantenía el cuerpo erguido y especial fuerza se le ponía al paso redoblado.. Ángel era un niño disciplinado, tenía unos 12 años y como todos participaban en estos desfiles y en los actos culturales. El temor infundado era obvio, su primo Pancho había sido detenido por la policía política que perseguía a todos los que eran denunciados por los soplones o sapos. A Pancho le allanaron la casa y por haberle conseguido unas revistas que contenían artículos de corte comunista, se lo habían llevado preso y  lo acusaron de conspirador. La situación estaba complicada ya que un vecino de la cuadra que pertenecía a la Guardia de Honor tenía mas de un mes que no se le había visto, seguramente estaba cumpliendo orden de acuertelamiento. El hermetismo era grande. Algo estaba pasando. La desestabilización política era evidente, las alocuciones presidenciales con el alto mando militar y el silencio en las calles hacia suponer eventos extraños. Días antes las emisoras de radio fueron tomadas por grupos clandestinos, mucha gente estaba presa y los susurros "bla...bla" entre vecinos era alarmante.
Como todos los días se acostaron los niños a las 8 de la noche, Ángel  dormía junto a su hermano Nelsón, como a las 10 de la noche se escucharon los ruidos de tanques de guerra que pasaban vía caracas y como a las 12 de la noche, se escucharon los sonidos de los aviones rrrruuuuuuu…rrrrruuuuuuuummm que atravesaban los cielos. A eso de las 2 de la mañana se escucharon cohetes pung…pang…y una algarabía en la calle, la gente gritaba que ¡¡¡El Tirano huyó!!!  ¡¡¡Cayó la dictadura!!! y otras aseveraciones. En la esquina de la plaza se reunían los pobladores. Algunos camiones cargados de personas iniciaron paseos musicales lanzando cohetes al aire. Ese día no hubo clases, se había sucedido un golpe militar, los muchachos salieron a curiosear, entendían poco de aquello, lo cierto es que venían nuevas autoridades. A medio día aparecieron los militares y tomaron el pueblo, desde el balcón del cine un oficial de grado de capitán anunció que una junta de gobierno cívico-militar tenía las riendas del gobierno y que poco a poco se nombrarían las nuevas autoridades. En la  plaza del pueblo se reunían grupos de personas comentando los sucesos en la capital. Las emisoras de radio no dejaban de trasmitir las informaciones, una que llamaba la atención es que el dictador había huido en la “Vaca sagrada” nombre dado  al avión cargado de dinero en donde habían salido del país. Se conoció en el  pueblo que el Jefe Civil se había ido, de igual manera el jefe policial. Los militares tomaron control absoluto de la situación y se decreto un toque de queda, había que recogerse a las 6 de la tarde.
Desde aquella misma mañana del golpe cívico-militar comenzaron a salir los presos políticos de las cárceles del país, la gente fue a sacarlos al grito de ¡¡¡libertad…libertad!!!. Cada uno regresaba a su hogar para reincorporarse a la lucha para instaurar el sistema democrático.  Nunca Ángel  se imaginaba lo que sufría un preso en la cárcel hasta que oyó los relatos y vio las huellas de las torturas de su primo Pancho que llegó a su casa a las 3 de la tarde acompañado de sus hermanos. Había perdido unos diez kilos en apenas dos meses preso, lucia ligeramente cansado con algunos morados en la cara, a pesar de la alegría del momento se observaba que su personalidad había cambiado. Entre risas y lágrimas se sentaron todos los familiares en la sala y Pancho saboreaba un jugo de lechosa preparado por su madre. Contó los relatos más escalofriantes que se habían escuchado, todos se quedaron impresionados cuando les dijo que a algunos detenidos les habían arrancado con un alicate las uñas de las manos. Refirió Pancho que había hecho algunas amistades en su pasantía por la cárcel. Estaba muy agradecido porque en las conversaciones internas había aprendido mucho sobre la situación política en general y sobre las inspiraciones ideológicas de aquellos hombres. También el primo Pancho contaba como los paraban descalzos sobre unos rines por espacios de tiempo largos. Muchos amigos del pueblo ya habían llegado y le daban la bienvenida. Algunos de ellos eran los dirigentes políticos de la clandestinidad y a Ángel  le llamó la atención como todos le rendían cierta pleitesía a su primo, no era para menos había sufrido los rigores de la dictadura..
A  los 90 días estaban nombrando las autoridades del pueblo. El primo Perucho fue electo por unanimidad como Presidente Municipal. Los comentarios del pueblo eran muy positivos ya que era un hombre joven y muy carismático.  Ángel observaba que su otro primo iba a los entierros, visitaba a los enfermos, nunca decía que no a nadie, estaba presente en todos los eventos, practicaba la caridad con los mas necesitados. Sus estudios en la Escuela de Docencia Nacional le había dado la posibilidad de ser un educador  respetado. Ángel no perdía tiempo para acompañar a su primo adonde fuere, estuvo con él en la elección de la reina de las festividades patronales, lo acompañó a los toros coleados y  se asombraba del cariño que le profesaba la gente. En el antiguo prostíbulo a las afueras del pueblo también celebraron, ahora lo llamaban “La Orchila” en clara alusión a las frivolidades del antiguo dictador en dicha isla. El pueblo tenía grandes expectativas, se había implementado un plan de emergencia para el empleo y las obras públicas comenzaron a reactivar la economía local. Casi siempre se había vivido en dictadura, había una tendencia al autoritarismo, por ello se abrían nuevas ilusiones. Ángel vivió unos momentos inolvidables, la transición de la dictadura a la democracia. ¡Que tiempos aquellos!

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LA CARRETERA NACIONAL


El Papá de Alejandro estaba muy preocupado, el gobierno le había declarado de utilidad pública la casa para poder construir la nueva carretera llamada la Panamericana. Les dieron seis meses para construir una casa en el terreno sobrante no expropiado, a duras penas pudieron levantar la nueva casa, a la fecha indicada. Los “payloder” tumbaron la casa vieja y a los tres meses estaban abriendo camino hasta un kilómetro mas adentro donde se empalmaría con la misma carretera. Las maquinarias comenzaron a llegar, Alejandrito observaba como construían los brocales, las aceras, empotraban las cloacas y sustituían las tuberías de agua. Las palas mecánicas abrieron paso para el asfaltado, desaparecieron todo tipo de árboles frutales y de todo tipo, eran las máquinas del progreso que abrían paso. Los muchachos disfrutaban de aquella obra, el asfalto en caliente era colocado con una maestría especial, la empresa constructora era de un italiano, los maquinistas venían de otras partes, alguno que otro obrero era de la localidad. .Alejandrito se montó en una Aplanadora con el permiso del capataz y del inspector. Al cabo de tres meses ya habían construido el tramo, incluyendo la colocación de los postes de electricidad y el drenaje que era clave según los topógrafos e ingenieros.
Venía el Presidente de la República, por primera vez pasaría por el pueblo, había una gran expectativa. El gobierno adornó todos los postes de la vía, le colocaron banderitas nacionales. La carretera negra estaba impecable, habían cuidado todos los detalles. Desde las primeras horas de la mañana los militares se ubicaron como a doscientos metros de distancia. El Papá de Alejandrito le comentó que este régimen se caracterizaba por grandes obras y eso justificaba un poco las restricciones de libertad. Todos estábamos pendiente, lo primero que vimos fueron unas motocicletas gigantes que abrían paso a la caravana de vehículos, el Papá de Alejandrito le dijo que esas eran unas motocicletas militares alemanas, unas de dos psajeros, aquellos hombres vestían de gala, pantalón azul apretado con franjas rojas y chaqueta manga larga con corbata, lucían un casco y guantes blancos. Uno iba por el lado derecho y otro por la izquierda, el segundo vehículo era un jeep militar con hombres armados. Después fueron apareciendo los vehículos negros, en uno de ellos descapotado, venía el Presidente. Era un carro “Citroën” de marca alemana, según el Papá de Alejandrito, se caracterizaba por los guardarruedas que sobresalían. El Presidente iba acompañado de otro militar, la banda tricolor se destacaba en su pecho, era un hombre gordito con lentes, saludaba con la mano derecha medio levantada. La gente lo vitoreaba. Luego pasaron muchos vehículos más que acompañaban al Presidente. Después vino la desolación y todo volvió a la normalidad.
Después que volvieron a casa, el Papá de Alejandrito le pasó el brazo por el hombro y le dijo muy calladito: “Mijo, no todo lo que brilla es oro, existen dos países, ese que vistes hoy acá y el otro que no ves, está en la cárceles, hay muchos presos políticos porque no están de acuerdo con la dictadura, son los que aspiran un régimen de libertades, lo que se llama democracia”. Alejandrito, levantó la cabeza y pensativo se quedó mirando a su Papá.

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