lunes, 22 de diciembre de 2014

JUEGOS POPULARES


JUEGOS POPULARES

EL PALO ENCEBAO  consiste en clavar un palo sin la concha de unos seis  metros de alto el cual es encebado, le echan también grasa y aceite para hacerlo mas resbaloso, en la parte de arriba, en el copo, le colocan el premio para quien lo alcance, normalmente son billetes. Uno por uno los participantes hacen esfuerzos por trepar el palo y alcanzar la cima. Los primeros siempre tienen desventaja, pero poco a poco se van acercando. En ocasiones uno ayuda al otro, no solo en el salto inicial sino en retenerlo para que no caiga. Las fuerzas se merman pero insisten en  alcanzar la parte alta del palo. El público se coloca alrededor y estimula a los concursantes.
EL COCHINO ENCEBAO, en este caso los organizadores conseguían cerditos pequeños y saltarines, los llenaban de cebo, aceite y grasa para hacer difícil la tarea de agarrarlo. Le colocaban un lacito azulito en el cuello y en un patio o lugar cerrado para que no se escapara. Cuando lo concursantes estaban listos para salir detrás del cochinito, se le soltaba y salían corriendo para tratar de atraparlo, mas de uno lograba tomarlo entre sus brazos o piernas, pero el animalito era escurridizo y lograba zafarse. En ese reto pasaban varios minutos largos hasta que lo lograban capturarlo, después de haberse ensuciado de tierra y grasa por todas partes. El ganador era premiado.
LAS CARRERAS DE SACO. El juego consiste en una carrera de velocidad, los participantes se colocan en la raya o meta y deben llegar primero para ganar. Los sacos son de mecatillo tejidos, tienen una altura de mas de un metro, el participante, que puede ser niño o adulto, introduce las piernas en el saco y toma con las dos manos el saco manteniéndolo templado para poder saltar mejor, es como una carrera de canguros. Muchos llegan a la meta pero otras ruedan al no poder sostenerse.
HUEVOS EN CUCHARA. Usualmente se colocan los competidores a una distancia de diez o más metros y el juego consiste en llevar equilibradamente los huevos al otro lado, pero cargado en la cucharilla, el que mas huevos sin romperse lleve y coloque en un canasto, ganará. Otros hacen carreras de un lugar a otro, esto obliga a mantener el huevo en la cucharilla pero ir a una velocidad más riesgosa. Otro modalidad, ya para adultos, consiste en lanzar el huevo a otro compañero colocado a cinco metros, luego va retrocediendo y el mas lejos se coloque sin romper el huevo se llevará el premio. Este juego es muy divertido.
EL PALITO MANTEQUILLERO. El juego se juega en familia, en una sala por ejemplo. Uno de los presentes esconde un palito de madera, que se denomina el “Palito mantequillero”, luego el resto de los presentes trata de encontrarlo. El participante que lo escondió está obligado a decir frió, caliente o tibio cuando alguno esta cerca del palito mantequillero. El participante que gane tendrá el turno para esconderlo, así hasta  cansarse.
LA CANDELITA. Se juega con cinco niños o mas, preferentemente en un patio con árboles o columnas, los niños se ubican en cada sitio y uno de ellos queda en el centro, se acerca auno de ellos y le pide “la candelita”, el niño al cual se acerca dirá: ¡Por allá fumea!, señalando hacía otro participante, en ese momentolos demás participantes pueden intercambiar de ubicación; pero si el que busca ”la candelita” ocupa uno de los puestos antes que el otro, se queda allí y el que queda fuera le corresponde buscar “la candelita”.
LA CUERDA. Este juego puede verse como de niñas pero es bueno para los niños ya que permite agilidad en el salto y en el desplazamiento como los boxeadores. Se puede jugar individual, cada niño o niña salta sobre una cuerda, normalmente se juega al que mas salte sin tocar la cuerda. Los jugadores adquieren tal habilidad que se torna interminable. En otras ocasiones, dos participantes toman la cuerda por cada extremo y la hacen girar, los participantes van entrando y saliendo, quien roce la cuerda queda descalificado. Los que sostienen la cuerda van aumentado la velocidad para hacerlo mas difícil.

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LA BALA DE PIEDRA


Los muchachos jugaban en la calle, allí jugaban desde el escondido hasta pelota callejera, un buen día, inspirado por los juegos panamericanos y por el movimiento de tierra para colocar tuberias de aguas negras, los muchachos inventaron practicar el lanzamiento de bala, en este caso piedras gruesas y redondas de unos dos kilos para ver quien la lanzaba mas lejos. Comenzaron por conseguir la piedra mas redondita y pesada, luego marcaron una raya en el piso y comenzó la competencia entre ellos mismos. Era evidente los mas grandes por tener mas fuerza la lanzaban mas lejos, unos cuatro a cinco metros, de allí no pasaban. El problema vino cuando José lanzó la piedra cuando justamente Pablito, un niño de seis años atravesaba la calle y la piedra le dio en la cabeza, cerca de la frente. Pablito cayo al suelo sangrando ¡ayyyy…ayyyyy….mamá!, la mayoría de los muchachos salieron corriendo de pánico. Casi de inmediato apareció la Mamá de Pablito y lo trasladaron a la medicatura que quedaba como a ciento cincuenta metros de distancia. Pablito lloraba uhh…jujuju en medio del miedo y su amigo José explicaba que no se había dado cuenta.
Al llegar a la medicatura lo pasaron a emergencia, Pablito estaba medio mareado, haber visto su sangre lo había impactado. Le limpiaron bien la herida que según la enfermera era grandecita. Pablito estaba muy nervioso por la cantidad de implementos médicos y por el olor a alcohol y agua oxigenada. La enfermera tomó una tijera y le dijo que le cortaría una parte del cabello para poder cogerle los puntos. La Mamá de Pablito lo consolaba, los amigos todos se quedaron afuera y murmuraban en medio de las preocupaciones normales. Vino la Médico de turno y dio algunas instrucciones relacionados a la vacuna antitetánica. Pabito fue inyectado en la nalga. Cuando se volteo observó que la enfermera tenía en las manos otra inyectadota pequeña, como tenían que coserlo le anestesiarían la zona para que no le doliera tanto. Al cabo de diez o quince minutos la enfermera estaba cociéndolo, había tomado cinco puntos de sutura. Lo tuvieron que reanimar con alcohol porque había sufrido un leve desmayo. Acostado tuvo que esperar una hora más, hasta que pudieron llevárselo a su casa.

Después de los agites de aquella tarde, todos los niños se recogieron temprano. En cada casa había un común denominador, los Padres regañaban u orientaban a los muchachos. Pablito estaba de reposo, por tres días no podía ir a la escuela. Estaba bajo observación, cualquier dolor de cabeza implicaría  un examen mas riguroso de rayos X. Solo gemía por el dolor de los puntos en cuanto la anestesia había pasado su efecto. Estaba herido de bala, pero de piedra. Lo peor vino después, tenía que ser inyectado con antibióticos por cinco días continuos,cuando Pablito al día siguiente vió llegar la bicicleta del bachiller Carlos Cordova, de casualidad no le dió un yeyo. Este ingresó a a la casa con un maletín donde tenía de todo, procedió a preparar la inyectadora como de cinco CC o mas, Pablito se fue en llanto por la impresión de la aguja y cuando sintió el pinchazo, ayayai. Así pasaron los días hasta que le iban a retirar los puntos, otro dolor más, la enfermera  con tijera en manos cortaba el hilo, perop cada punto había que tirarlo, uff cinco tirones, un poco de sangre, mercurio cromo y listo. Un episodio para contarlo. 
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jueves, 18 de diciembre de 2014

PRENDE EL CARRO SABAS!! - NG.RODRIGUEZ

¡¡PRENDE EL CARRO SABAS!!

Las carreras de carro eran un acontecimiento popular, una vez al año pasaban los bólidos por las principales calles, incluyendo carros de último modelo europeos. Era común entre los habitantes la afición por el deporte del automovilismo, muchos hombres de la época eran corredores aficionados, hasta los niños participaban en las carreras dominicales transmitidas por emisoras de radio adonde enviaban el dibujo de su carro de carrera con el número de su preferencia  e indicando el nombre del piloto y del copiloto, por eso los domingos se podía escuchar la voz del Tio Anacleto que decía, Bólido a la vista…es el número cuarenta y ocho, de color azul, piloteado por José Rafael y Carlos Eduardo. Tal vez por ello estaba muy arraigado este deporte de la velocidad. Seguramente influenciado por aquellos hechos, aquel hombre de piel blanca y cara redondeada, con sombrero vestía su traje derruido de tanto uso sobre la camisa manga larga de cuello y puños desgastados y sucios. El pantalón ancho y el saco eran de casimir marrón oscuro. Prende el carro Sabas, le decía la gente, Sabas entonces comenzaba a imitar el sonido de los carros…funfunfun funfun fun fun…fuuuuuuuuuu fuuuuuuuuu y la gente rodeaba a Sabas entre risas y admiración, la carrera continuaba durante minutos y se escuchaba el rechinar de los cauchos y el ruido de los motores. Los muchachos y hasta los adultos le pedían a Sabas  que encendiera el auto varias veces al día y seguía su camino por las calles del pueblo hasta un próxima estación cuando un grupo de personas le pedian los mismo "Prende el carro Sabas".

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RISITAS DE CLAUDIO!! RECUERDOS DE LA INFANCIA - N.G.RODRIGUEZ

RISITAS

De baja estatura, piel morena y cabello liso, mezcla de indio y negro. Vestía traje harapiento con saco largo hasta las rodillas que seguramente le habían regalado, callado y tímido en apariencia, así deambulaba por las calles del pueblo. La risa era su característica, cuando los pobladores se le acercaban, levantada la mirada y la sonrisa tipo monalisa se apreciaba en las mejillas. Le decían "echa cinco por un real, y cinco pedos echaba". Le pedían una risa y empezaba la función. Comenzaba con una risita suave que nunca llegaba a carcajadas jijijijijiji….jijiji,..ji.jijijijiji con las manos juntas miraba uno a uno a quienes lo rodeaban, su risa provocaba que los demás de rieran. Poco a poco la risa se contagiaba a todos los presentes quienes se reían más fuerte que Claus. De repente estábamos como en un estudio de televisión frente a un humorista, un mimo o no se quien, pero los movimientos musculares de la risa nos hacían desternillar ante la mirada baja y cómplice del personaje que no cesaba de reír. Esto hacía que los presentes liberaran tensiones y pasaran un rato simpático de su vida. Una verdadera terapia de la risa. La adrenalina quedaba en libertad, el estrés bajaba al mínimo cuando las carcajadas explotaban y más de sesenta músculos de la cara funcionaban. Parece mentira, pero las risitas de Claudio mejoraban el estado de ánimo y la salud misma, hombres y mujeres se confundían con risas verdaderas de diferentes sonidos,  alrededor de aquel hombre que lo hacia sin saber. Pasaban los minutos y el grupo aumentaba por razones obvias, no había dudas la risa ejercía una influencia social espontánea.

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EL VENDEDOR

La rifa
David tenía once años de edad, su Padre estaba enfermo y los ingresos disminuyeron, tenía que hacer algo para cubrir sus gastos de escuela y diversiones, se le ocurrió hacer una rifa, sacó la cuenta si vendía cien números a un bolívar, lograría recolectar cien bolívares, si daba un primer premio de cuarenta bolívares, un segundo de veinte y un tercero de diez bolívares, le podría quedar una ganancia de treinta bolívares, que no era malo; pero pensó ¿ Y si no vendo todos los números o algunos no cancelan?, ganaré menos se dijo a si mismo. En medio de estas incertidumbres, David pensaba que mas le convenía,  se dijo a sí mismo: “También, es verdad,  estaría jugando yo mismo y me podría quedar un premio, analizó”. ¿Qué otra cosa puedo hacer? Reflexionó David en silencio. Se le ocurrió no dar premio en dinero sino en regalos, fue la quincalla y vio los precios, pero desechó esa idea porque tenía clientes hombres y mujeres, jóvenes y adultos. Se fue por la alternativa del dinero que no le cae mal a nadie, pero decidió otorgar solo los dos primeros premios. Se compro un talonario y pacientemente los relleno, indicando los datos, sobretodo, los premios y la fecha del sorteo por la lotería nacional. Procedió a ponerlos a la venta, poco a poco fue colocando los números, la mayoría debería cobrarse el sábado, el sorteo sería el domingo. Ya el viernes había vendido noventa y dos numeritos.
La dupleta
El sábado cobró, solo no pudo conseguir al Señor Claudio que estaba de viaje y a Ruperta que se había quedado limpia porque el hijo se enfermó. Recogió noventa y ocho bolívares y espero los premios, el numero ganador fue el dieciocho, lo había adquirido Miguel, el mecánico, y el segundo premio la Señorita Eulalia, vecina de al frente. ¡Que bueno! La cuenta le daba que le quedaron veintiocho bolívares líquidos. Lo primero que hizo el lunes fue llevar los premios, estaban agradecidos y contentos. Luego David, se compró otro talonario y así lo hizo por dos semanas más, pero la gente pedía otras opciones, había que variar el juego, decidió hacer “Dupletas Hípicas”, que consistía en cortar una cartulina y dividirla en ciento cuarenta y cuatro cuadritos. Como eran doce ejemplares en cada carrera se combinaban con los doce de otra carrera del juego del 5 y 6. Para hacer este juego tuvo que pedir ayuda de su primo Francisco, que era tres años mayor que David. Francisco pensó en el juego, lo primero que le recomendó a David fue combinar carreras donde no hubiesen favoritos tan claros. Luego le recomendó vender cada cuadrito en dos bolívares, siendo el premio único de cien bolívares. Así lo hizo y logró vender muchos cuadritos, pero había caballos que tenían hándicap negativo, es decir, siempre llegaban en la cola, no tenían posibilidades de ganar, al menos que fuera tremendos batacazos. Las combinaciones eran múltiples, algunos vivos compraban la línea o la columna completa de determinado caballo porque lo daban imperdible, de esa forma al ganar dicho favorito, ganarían la dupleta.
No! al juego
A todas estas le preocupo algo, su Mamá le dijo que no se dedicara al juego sino a otras actividades comerciales. Eso lo hizo abandonar estas experiencias y opto junto con un primo incursionar en la venta de jugos naturales. También se dedicaron en amenizar fiestas infantiles, tenían un tocadiscos y micrófonos. Así pasó el tiempo y  David pudo costearse algunos gastos menores propios de su edad, hasta que ingreso al liceo y debía estudiar mañana y tarde. Su Papá se había recuperado y todo volvió a la normalidad.

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martes, 16 de diciembre de 2014

LA ZAFRA


A las tres y media de la madrugada despertaron a Raulito, por primera vez su Papa había accedido llevarlo a una jornada de corte de caña de azúcar. La curiosidad hizo que su Padre lo complaciera. A esa hora ya la vianda de comida estaba preparada, contenían arepas rellenas con carne desmechada guisada y otras con mantequilla y queso rallado, envueltas en papel. Dos termos grandes contenían café negro y otro con leche caliente. Un envase de vidrio grande estaba lleno de agua fresca. Adormitado zzz…zzz aborde el camión y recogimos a cinco peones que nos esperaban en la casa de Tomas, el de mayor edad era el jefe de corte. Cada uno de ellos llevaba un machete y un garabato con una mochila con provisiones. El corte de Caña se efectuaría en la Parcela del Señor Santiago, al llegar al sitio pasamos hasta la zona de corte. Allá esperaban otros cinco peones más. Se prendieron las lámparas de kerosén y comenzó la faena. Los adultos mascaban goma de chimo para ahuyentar las culebras. Raulito se sentó sobre la carrocería para observar el trabajo. Con el garabato doblaban el tallo de la caña, dándole un corte a nivel del suelo. El Padre le explicó que la caña de azúcar  es una gramínea, un pasto gigante parecido al maíz, en cuyo tallo se forma y acumula un jugo rico en sacarosa, que al ser extraído y cristalizado en los centrales azucareros forma el azúcar.  Poco a poco fueron deshojando el tallo y recogían el tallo de la caña de azúcar cortada de una manera perfecta, para luego cargarla al camión. El radio del camión trasmitía música criolla a esa hora mañanera. Los hombres no descansaban, al salir el sol, casi a las seis de la mañana se comenzó a cargar al camión, ya a las siete estaba arrancando para el central azucarero. A esa hora todos desayunaron, Raulito y su Padre lo habían hecho antes. Las bandadas de pajaritos volaban por toda la zona y se escuchaban los trinos mezclados. A lo lejos se escuchaban los gallos cantando. El Señor Santiago llegó  a esa hora para darle la guía a mi Padre para poder llevar el primer viaje al Central Azucarero.

En la carretera se observaban las huellas de la zafra de caña, por mas segura que estaba la carga siempre algunas caían y se orillaban secas los desperdicios. Al llegar al central había cola para entregar la carga, se pasaba por la romana, tuvimos que bajarnos del camión para tomar el peso exacto. La carga era descargada directamente sobre la correa transportadora para iniciar el proceso productivo. Salimos del sitio una vez pasado por el pesaje y por administración. Los peones continuaron su faena, a medida que el sol salía la labor se hacía mas pesada, el cansancio comenzaba a sentirse. Se acumulaba nuevamente la carga, se quemaban con cuidado las hojas alargadas. Como a las once de la mañana se estaba cargando el segundo viaje. A esa hora los peones terminaron su jornada, se iban caminando hasta la casa del Señor Santiago para tomar agua, una limonada o una naranjada preparada por su esposa. Raulito fue dejado en su casa, estaba super agotado, se baño y fue al comedor con su Madre. La experiencia había sido extraordinaria, contaba las anécdotas. No había desperdicio

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ISIDRO, EL AGRICULTOR


El abuelo de Isidro tenía una parcela agrícola que estaba sembrada de hortalizas, verduras, frutas, cereales, caña de azúcar y maíz. A Isidro le encantaba visitar a sus abuelos porque se encontraba con la naturaleza y podía participar en las labores del campo. En la mañana lo despertaba el canto del gallo kikiriki , en el gallinero se encontraban las gallinas clo…clo y los pollitos pio…pio…pio. Las gallinas ponían sus huevos y estos eran recogidos por la abuela para el alimento diario. A isidro le gustaba darles de comer a las gallinas y ver como en las tardes se montaban a los árboles para dormir. No faltaban nunca los cochinos que ocupaban un espacio cerrado donde se les suministraba el sobrado de las comidas para su alimentación, lo malo era el desagüe del corralito por la fetidez que emanaba. Por otro lado estaba el palomar, más de veinte palomas adornaban el patio delantero de la casa de campo. El Abuelo se distraía en las tardes lanzándoles el maíz a las palomas. Dos o tres vacas ocupaban un espacio limitado para una producción de leche para consumo familiar. La casa tenía las puertas y ventanas protegidas para evitar la entrada de moscas y zancudos.  A las orillas de las acequias bordeaban la parcela donde se encontraban las siembras de plátano y cambur, también los aguacates. La parcela se divide por siembras de cítricos, verduras, cereales, maíz y caña de azúcar. La parcela limita por el fondo con el río de donde proviene el agua de riego. Un camino atraviesa la parcela desde la entrada hasta el fondo.  Existen matas de mango hilacha y bocado, donde Isidro solía jugar, una mata de tamarindo, dos de toronjas y dos de mandarinas. Una mata de higos y otra de ciruelas, entre otras.

El Abuelo pasaba horas arando la tierra con su yunta de buey que enyugaba dos animales los cuales estaban unidos por una pieza de madero labrada llamado yugo, por los  tarros y un cojín frontal con mecates que sostienen las argollas o guías. El arado era de metal. Isidro lo acompañaba caminando junto a El por toda la zona de trabajo. Isidro se iba caminando hasta los naranjales y los limonares. Su abuelo llevaba un sombrero grande de paya y a Isidro se le colocaba uno pequeño. Después de un buen tiempo Isidro, cansado de caminar uffff se iba a descansar a la casa, ayudaba a su Abuela en alguna actividad como darles de comer a las gallinas y los cochinos. Mientras su abuela se disponía a elaborar el almuerzo, se tomaba una naranjada, leía una historieta y esperaba el regreso de su Abuelo. El Abuelo era incansable en horas de la mañana, después de llegar y dejar a los bueyes en su corral, llamó a Isidro para  revisar los cultivos de caraotas y de tomate, pasaron por los frutales, luego fueron a revisar el cultivo de caña de azúcar y los maizales. De regreso recogieron unos mangos y regresaron a la casa. El almuerzo de aquel día era un hervido de gallina, la abuela colocaba las verduras y las presas de separadas del caldo, el postre fue un dulce de lechosa. Por la tarde, después de la siesta fueron a revisar una cerca que protegía los linderos, el Abuelo llevaba algunos materiales para las reparaciones. Ya de noche el Abuelo y la Abuela aprovechaban para desgranar el maíz, recibir algunas visitas e irse a dormir bien temprano. Es era un día de labor en el campo.

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